Llegaron a mediados de noviembre (3/3)
10/25/09
Nadie lo creyó realmente, pero la incertidumbre bastó para que todos sintiesen que alguien les veía, que quizá todo aquello fuera un repugnante y experimental reality show orbital, y aunque las muestras de conductas erráticas y extremas continuaron, de alguna manera empezaron a autoregular su comportamiento. Pero fue también entonces cuando Basiliev tomó la costumbre de programar su cabina para que le quitase oxígeno durante 3 minutos cuando se iba a dormir. Sólo así conseguía un sueño tranquilo. Una inconsciencia, en realidad. Cuando despertaba estaba cianótico y tenía un dolor de cabeza durante varias horas, pero aseguraba, usando sus conocimientos médicos como argumento, que esa práctica no destruía más tejido neural que una borrachera, y ya que no podían fabricar más etanol, estaba dispuesto a dormir así hasta morir o llegar a tierra.
Y cuando pisaron tierra, no había nadie.
Pero mucho antes ya sabían que algo había pasado. Algún desastre, una guerra. Algo había ocurrido, porque jamás recibieron una señal, ni acudió transbordador alguno en su rescate, ningún satélite de los que habían capturado recibía señales y en la tierra todo parecía estar demasiado quieto. Como un huevo duro que se enfría lentamente. Habían descartado la idea del experimento de aislamiento hacía tiempo cuando comprobaron que la corriente del golfo estaba aminorando y la zona norte de europa había bajado unos 2 grados celsius de media, lo cual es un cambio mayor que el que ha experimentado en los últimos 40 siglos. Si por alguna razón, la corriente del golfo que cruza el atlántico desde Mexico hasta los paises nórdicos, se enfría, deja de haber tanta diferencia de temperatura cuando cruza el atlántico norte, y en vez de mantener la convección y aportar temperatura a europa, cae hasta el lecho marino y el frío polar adquiere capacidad de congelar europa hasta los pirineos. Como tantas veces había pasado a lo largo de las eras en lo que se conoce como "edades del hielo". Parecía que ese proceso estaba empezando. Y en ese caso no llevaría más de 70 años que los casquetes polares se extendiesen hasta los trópicos. Algo había ocurrido allí abajo, no sólo en los paises adheridos a la agencia, sino en todo el planeta, y tenía que ser grande. Porque un alarmante cambio climático era una cosa, pero no recibir comunicaciones de ningún tipo (ni siquiera estaciones de radio FM) era descabellado. Para cuando consiguieron al fin bajar a tierra, lo que vieron superaba lo que habían podido imaginar.
Y es gracioso que, en esos cuatro años, en esos infinitos días de trabajar hasta la extenuación, de discutir, de pelear, de enloquecer, de reencauzar sus mentes, de ver y oir cosas ridículas, de comerse sus excrementos y beberse su orina, de enfermar y curarse y volver a enfermar... no estaban del todo destrozados. Aparte de que pesaban un tercio menos que antes, y apenas se sostenían en pie bajo el yugo de la gravedad terrestre que les había sido ajena por tanto tiempo, estaban aceptables. Kelly había perdido los dedos de un pie por un defecto en su traje que le provocó la congelación mientras reparaba la carcasa exterior de un giroscopio, Ron había perdido una oreja en una discusión, y la piel de la mandíbula le había quedado demasiado tensa al cerrársele la cicatriz, haciendo que su seriedad pareciese una mueca de desprecio. Johnson estaba casi sordo debido a una leve descompresión accidental que había sufrido mientras revisaba el casco de la estación, lo que le había perforado un poco los tímpanos. Basiliev desarrolló el síndrome de Parinaud, que a causa de un deterioro nervioso (puede estar inducido por falta extrema de algunas vitaminas, aunque más probablemente por estrés) es incapaz de mover los ojos. Lenka y Arkadi tienen una degeneración bronquial causada por prolongadas hipoxias que les provoca apneas involuntarias y desmayos, Emily quedó casi ciega de un ojo al tratar de suicidarse con un láser de soldadura y Norman empezó a padecer de hemofilia hacía año y medio. Es curioso porque la hemofilia no es algo que se contraiga sin más, es una enfermedad congénita, una mutación perniciosa que se transmite de padres a hijos, pero la sangre de Norman símplemente decidió dejar de coagularse, paró su producción de plaquetas sin más.
Y por supuesto todos, en mayor o menor grado, están afectados por el cáncer. Vivir en una estación espacial te expone al menos a 15 rem al año, mucha más radiación que la producida por todas las radiografías que se hacen 100 personas durante toda su vida.
Saul era quizá el más visiblemente afectado: su pómulo izquierdo estaba abultado y deforme, y hacía dos semanas que vomitaba casi a diario. Sin duda el tumor ya le estaba afectando el oido interno, y antes o después presionaría el cerebro.
Sin embargo, allí estaban.
(termina abajo)
Visto desde fuera, parecían formar parte del sueño de un borracho o tal vez participar en un montaje cinematográfico: ocho astronautas raquíticos, enfermos y perplejos pisando la orilla de una ciudad que, al menos cuatro años antes, no tenía playa.
Norman fue el primero en desabrocharse el casco. Al hacerlo, una espesa barba cana se derramó sobre su pecho. Tenía 34 años, pero aparentaba 50. Con una emoción incierta se frotó los ojos, respiró hondo y unas lágrimas brotaron débilmente para correr mejilla abajo.
-¡El aire es tan limpio aquí! -alcanzó a exclamar.