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Cuando leí por primera vez acerca de la belleza mis ojos se turbaron. Creía que era una virtud más de este mundo vulgar. Como la sapiencia, la generosidad o la erudición. Pero ella tiene algo especial. Hizo que el descontrol se apoderara de las letras aunque, paradójicamente, se volvieron más nítidas que nunca. Fue ese sinfín de sensaciones, con cierto aroma a novedad, el que pedía más. Pero solo hilvanaron tres frases sobre ella. Y no supe bien de qué querían hablar.
Cuando oí por primera vez hablar de la belleza no estaba escuchando. Simplemente pasaba por allí y el viento entró en mi oido. Cuando mi cerebro procesó la información y envío los estímulos correspondientes ya era demasiado tarde. La conversación había virado hacia aguas más truculentas. Nada de exaltación, todo exacerbación. No pude reconducirla. Se perdió en mil groserías y trescientos gruñidos. Lo que había empezado como un himno terminó como un ripio. Insolente y vacío como una medusa.
Cuando vi por primera vez la belleza no estaba preparado para ello. Quizás era demasiado joven o quizás tenía el punto de mira alejado de la corta distancia. Hasta que te das cuenta de que no se puede abarcar el horizonte con la mirilla, desperdicias días redondos mirando con un solo ojo. Y esos días son los que luego querrías revivir. Los que necesitas rehacer para sentirte cien por cien a gusto contigo mismo. Que pena que el tiempo nunca rebobine.
En ese punto creo que fue, cuando estuve a punto de negarla, de firmar que eso no era lo que yo buscaba. Menos mal que lo dejé en paso. Por suerte, nadie se atrevió a subir la apuesta. Arrastré torpemente la culpa de mi cobardía. Por lugares confusos discerní si sí o si no, si ahora o si luego. Finalmente fue ella, la que me alcanzó y me fue ganando. Por cientos de detalles. Por algún que otro zarpazo. Alcancé el súmmum de la virtuosidad. A veces es mejor que el camino te trace a ti.
Hoy en día el síndrome de Stendhal me acompaña sin piedad. Crónico, habitual. Es mi enfermedad favorita. La padezco y la aborrezco pero me hace sentir tan vivo que moriría por evocarla una vez más. Aún no me quiero curar. No quiero profilaxis ni tratamiento conservador. Sólo quiero otro cielo más, otra estrella más, otro instante más. Un minuto de placer que tapa horas de frustración. Porque observar la hermosura y no poder tenerla es como ayunar en nochebuena o vivir una tormenta en un castillo de arena.
No hay nada más bello que contemplar la belleza.
"¿Por qué ha durado tan poco este bello rincón?"
Quizá porque pensaba que nadie lo leía. Me alegra saber que no es así. :-)
pues no creas, desde la mirilla se pueden descubrir muchas cosas e inventar otras muchas.
algún día generarán una supermegamáquina donde uno al nacer se le coloca un chip (o como lo llamen) y él mismo se podrá retomar los momentos que quiera las veces que quiera (tb será una forma de vivir más tiempo y más "feliz").
cuidate
Esta muy bien deverias verla.
No esperes aprender ni ke te haga reflexionar muxo.....xo para
distraerse sta entretenida.....
En cambio tu texto......s bonito.....y da para reflexionar.
Asi ke buskemos otros cielos....y otros estilos de belleza...algun otro tipo de belleza mas amplio ke al ke estams akostumbrados a nombrar....si bien como decia Platon....no nos veremos encadenados en el estrecho amor de la belleza
Saludos!!
JAPY BERDEYY TU YUUUUUUUU, JAPY BERDEYY TU YUUUUUUUU, TE DESEAAA LA GATITAAAAA, JAPY BERDEYY TU YUUUUUUUU
BIENN
JAJAJAJAJJAJAJA
MUCHISIMAS FELICIDADESSS PEKEEEEEEEE, OJALAA TE SALGA TODO BIENNNN Y SIGAS SIENDO COMO ERESSSS
MUAAAAAAAAAAAAAAAAAA
No pasa nada! sólo quería saber si esque acaso me conocías y yo no lo sabía. Y ya para finalizar las preguntas, ¿Cómo llegaste hasta mí?
Cambio de nombre y de camiseta. Siempre va con la misma. Pero es todo un espectáculo en el escenario. Esta noche lo tenéis en Madrizzzzz.
Qué bonito el texto.
Qué cruel y qué adictivo el síndrome de Stendhal. Además es enfermedad degenerativa. Empieza a manifestarse frente a grandes estímulos, puestas de sol espectaculares, vistas desde lo alto de una montaña... y termina desencadenando dolor frente a algo tan sencillo y cotidiano como una mirada o una sonrisa.
Japi dei...