La chica de la radio en la cabeza.
Nunca llegué a saber si lo suyo era puro idiotismo o que en realidad se trataba de una alimaña social. No sabía ni hacer la o con un canuto, y para ella, dos y dos eran cinco. Pero qué más daba si cada vez que subíamos al metro no paraba hasta encontrar el vagón más lleno, en el que más cerca pudiera estar de mí, para sentirnos como sardinas en lata. Qué más daba si por las mañanas me despertaba posando su mano en aquel equipo destartalado, con el índice derecho sobre el botón con un triángulo que mira a la derecha, accionando, tras la apertura de mis ojos, una rayada cinta de vídeo que mostraba en diferido los placeres que nos habíamos otorgado la noche anterior. Esa noche en la que habría estrellado mi coche sin haberlo dudado ni una sola vez y habiendo desactivado, antes de arrancar, el puto airbag. Todo por verla con los ojos abiertos y la melena al viento. Todo por ser esposados, juntos, por un grupo de polis que seguro que se han fumado un porro y están apresados de un karma especial.
Todo está en su sitio era la frase que más veces me repetía, ante mi atónita mirada de chico que permanece en un limbo.
Y ahora me pregunto por qué yo posé mi índice derecho sobre el botón sin triángulo pero que dice OK.
Me respondo que porque ella me lo pidió.
Y vuelvo a imaginarla allí, allí, preguntándome con los ojos cerrados y la melena recogida: ¿Qué es lo que más quieres en este mundo?.
Y yo dejo de imaginar chorradas y respondo en voz alta: Tú, mi querida androide paranoica.
Del Duque a la Reina y tiro porque me toca.
On January 21 2009
Edit