John Ryder en… “The Box”.
11/6/09
Mi relación con Richard Kelly es un tanto extraña: “Donnie Darko” aún no la he visto (por lo que sé, lo que me han contado, lo que he visto y oído, no me interesa nada de nada), “Southland Tales” dejé de verla debido al aburrimiento y la frialdad que me proporcionaba, y es un guión suyo (el de la grande y brillante “Domino”, de Tony Scott) lo único de Kelly que me ha llamado la atención. “The Box” (infamemente clasificada como “thriller paranoico”) supone mi último encontronazo con Kelly. El resultado de esta película (que en su día rechazó el gran Eli Roth por no convencerle del todo el guión) es un batiburrillo de ciencia-ficción chusca y barata que se las da de inteligente artefacto con discurso. Pero no nos llevemos a engaño, Kelly ni posee discurso ni voz propia, ésta su ultima obra coge un elemento básico de filosofía y lo convierte en el eje central de un film que arranca con potencia e intriga, pero que apenas veinte minutos de metraje son suficientes para echar por tierra cualquier atisbo de inquietud, de desasosiego y de cine serio o personal (y no hablemos de provocar miedo, júas!)
Lo que queda es una especie de broma alargada, que lo mismo pasa del Carpenter de “Están Vivos” al Spielberg de “Encuentros en la tercera fase” sin apenas hacer uso de consciencia o coherencia; y dejemos al margen a una Cameron Díaz como la peor elección de casting de la película (eso si, el grande James Marsden y un perdido Frank Langella son lo mejor de la cinta). Repito, “The Box” arranca bien (incluso muy bien) pero a partir de su segundo acto (especialmente esa horrible secuencia en la biblioteca) todo se viene abajo. Los dilemas morales de los protagonistas y sus conflictos emocionales y profesionales no está nada lejos de los de cualquier entrega de “Saw”, con la diferencia de que en la citada saga “censurada” todo es más directo, más sincero, menos pedante y, por supuesto, más divertido y entretenido.
Kelly, amigo, a ver si en la próxima te lo tomas en serio y haces algo legible, coherente, con garra y fuerza, y dejas de creerte más listo que tus espectadores. Es una pena que te creas el Kubrick de los indies, porque ruedas de puta madre y planificas aún mejor.
Foto: “The Box”.