John Ryder en... "La última casa a la izquierda".
7/5/09
Todas las grandes películas de terror son producto de su tiempo. “La ultima casa a la izquierda”, aquel “grunge” cutre y poco complaciente lo fue, a finales de los 70, y marcó toda una estampida de coetáneas que la siguieron, la analizaron y la rebajaron (de hecho, he llegado a la conclusión de que las buenas pelis de terror envejecen mal; y creo que así ha de ser. Aunque sólo sea para que puedan gozar de remakes austeros y prefabricados, ósea de los que molan). Es por ello que remakes como los de “La matanza de Texas” o “Las colonas tienen ojos” son mejores que sus modelos originales: porque consiguen trasmutar el contexto para poder seguir siendo fieles modificando la caligrafía. Así, esta nueva “Casa a la izquierda” pierde en eficacia verité (Dennis Iliadis busca en todo momento la bellaza del horror) pero gana en depuración (la historia sigue funcionando a las mil maravillas como punto de partida naturalista que desemboca en un infierno terrenal casi sobrenatural: en el tramo final parece que la casa, de tanta ebullición física, vaya a arder).
Es cierto que se asemeja mucho a “Las colonas tienen ojos” (no por casualidad Wes Craven está tras los dos modelos originales): la lucha entre dos familias, la perdida de la inocencia a través de una violación, la locura que desata un suceso casual, y un héroe (en la de Aja, Aaron Stanford; en la de Iliadis, Tony Goldwyn) que ha de rebajar su moralidad formal para combatir el mal desde el mal (otro indicio puramente Craven: el bien ha de transformarse en mal si quiere vencer). De hecho, los psicóticos villanos de la cinta de Iliadis no distan absolutamente nada de los mutantes de la de Aja.
Aunque, claro está, las intenciones son muy dispares entre ambos cineastas; pese a que también, casualidades del destino (¿o no?), los dos son europeos. Mientras que el director de “Alta Tensión” contempló su remake cercano a una peli de acción bestial más que un “survival” de terror, el griego Iliadis parece envestir el sufrimiento desde, primero, un Larry Clark algo modosito (el hermano/hijo como trauma familiar, las chicas en busca de marihuana, la violación ante miradas ajenas) para desembocar un tramo final que va desde “Perros de Paja” hasta “La violencia del sexo”, usando las ópticas cortas y el teleobjetivo como elementos de opresión, y la nocturnidad como un personaje más (ese implacable plano inicial que empieza en el árbol con el dibujo a cuchillo de los dos hermanos y va adentrándose en la profundidad y oscuridad de un bosque premonitorio).
Y si en “Las colinas tienen ojos” o en la también citada “La matanza de Texas” el punto de vista final estaba puesto en los agresores y no en los agredidos, Iliadis da un paso realmente complejo y arriesgado con esa escena final (que aquí no desvelaré) y más aún con un plano final que es definitorio para cualquier buena peli de terror que quiera jugar a lo que Rob Zombi ya jugó en “Los renegados del diablo”: la línea que separa el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo impulsivo de lo reflexivo está corrupta, sobrevalorada y denostada. La venganza en frío, pensada y aceptada, es el único camino hacia la redención.
Puede que la película de Iliadis no sea tan escandalosamente placentera como las de Aja y Nispel, o las de Snyder y Meyers, pero la suya es mucho más incomoda, arriesgada, apaciguada y sólida, a la vez que bestial, bruta y emocionalmente fracturada. A mi esta nueva “La ultima casa la izquierda” me parece extraordinaria, memorable y delicada, pero es tan críptica y sensitivamente dolorosa que no podría recomendarla, sino limitarme a exponer un texto y unas ideas que creo la película merece, y luego que cada uno juzgue: para algunos será gratuita (yo no lo creo), para otros placentera (para mi no lo fue. Lo llegué a pasar mal) y para unos pocos (entre los que me incluyo) la película más cercana a la perfección que podríamos esperar de una cinta de terror producida por un gran estudio; en los tiempos que corren, claro está.
Foto: “La ultima casa a la izquierda”.
Mmmmm, igual después de todo (y de leerle) me acerco a verla.
No tenía intención alguna pero bueno.
Y eso que las Matanza de Nispel y Colinas de Aja me gustan y mucho. La segunda más que la original. La de Nispel no tanto. La de Hooper es insuperable, y envejece MUY bien.
Saludos!
Ya le contaré si la veo.