11/10/09
Como te confesé la primera noche, sólo tengo un puñado de palabras. Y prometí usarlas para hacerte reír. Me puse peluca y sombrero, la cara pintada y el disfraz de aprendiz de ingenua que juega a bajar pantalones. Puedo decir que tu risa es algo que siempre me he tomado muy en serio. Cada cual tiene su gasolina para rugir; la mía es mezcla de labios y cuentos con leve inclinación de gesto cuando la risa te desborda la boca.
Por supuesto el tiempo es tiempo. Estar ahí, cogerte la mano al dar un paseo, ayudarte a dormir, todo eso. Alguna vez te vi llorar y alguna vez también te vi contener las lágrimas. Te escuché hablar con voz cansada mientras por dentro te quemabas. Y yo me quedé en silencio sin saber qué decir.. Yo, que te confesé que solo tenía un puñado de palabras y prometí usarlas para hacerte reír.
Me quedé en silencio rota. Tragué saliva, respiré y pellizqué mis heridas para entender que lo bueno de los malos momentos es que se pasan.
Lo malo es que los buenos momentos también.
Parece mentira que aún tenga la tonta esperanza de que no se me caiga todo encima..