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EL CORAZON CONTRITO

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no
despreciarás tú, oh Dios (Salmos 51.17).

La esencia de ser cristiano consiste en tener un corazón cristiano. Las palabras y las acciones manan del corazón. Cuando el corazón es recto, las palabras y las acciones serán rectas (Mateo 12.34; Proverbios 4.23). Dios desea que le demos el corazón, porque
al tener el corazón, tiene el resto de lo que somos.

Cuando el hijo pródigo volvió a su padre, no tenía nada que darle a este, excepto su corazón (Lucas 15.11–32). No tenía amigos que darle, porque estos lo habían abandonado. No tenía dinero, porque había gastado todo lo que se le había dado.
No tenía reputación, porque su reputación de joven bueno había sido echada a perder después de haber vivido un período de desenfreno. Ni siquiera le quedaba algo de amor propio. No tenía nada que dar, excepto su corazón. Cuando se encontró con su padre, esto fue lo único que en efecto pudo decir: «Heme aquí. He venido a ti con un corazón
arrepentido. Un corazón arrepentido es todo lo que puedo darte. Solo hazme como a uno de tus jornaleros, y con eso me conformaré».

Se sorprendió al descubrir que todo lo que su padre deseaba era su corazón arrepentido y contrito. El padre lo recibió como venía, dándole a entender este mensaje: «Porque tienes un corazón recto, a partir de ahora te recibiré y te trataré como a mi hijo. No tendrás que ganarte otra vez mi estima. Me has dado tu corazón, y sobre esta base,
por mi gracia, te impartiré la condición de hijo».

Nosotros somos como el pródigo; no tenemos nada que dar a Dios, excepto el corazón. Lo único que realmente poseemos es el corazón. No tenemos posesiones materiales, ni casas, ni dinero, ni tierra. Todas estas cosas son solamente prestadas. Pertenecen a Dios, no a nosotros. Lo único que Dios ha elegido darnos es nuestro corazón. Por lo tanto, cuando elegimos andar con Dios, Él pide lo único que tenemos, y esto es el corazón.

Cuando Él recibe nuestro corazón, recibe todo lo demás. El corazón que Dios desea que llevemos delante de Él, podría describirse como un corazón contrito:

***Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Salmos 51.17).

***Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados (Isaías 57.15).

***¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios (Miqueas 6.7–8).

¿Qué es exactamente un corazón contrito? ¿Qué características tiene?
UN CORAZÓN QUE RECONOCE SUS FALTAS

En primer lugar, debemos entender que el corazón contrito, el corazón que agrada a Dios, es un corazón arrepentido y que reconoce sus faltas. ¿Quién es el que tendrá comunión con Dios? «El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño» (Salmos 24.4).
Dios nos ha dado a entender claramente que el «corazón perverso se apartará de [Él]» y que Él «no [conocerá] al malvado» (Salmos 101.4). Así, nuestra oración a Dios debe ser esta: «Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón» (Salmos 26.2); «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí» (Salmos 51.10).
Suponga que el hijo pródigo hubiera venido a su padre con un espíritu altivo y arrogante, y no con la actitud de uno que reconoce su pecado. ¿Lo hubiera recibido el padre?

Jesús recalcó la contrición en la parábola que contó acerca de los dos hombres que fueron al templo a orar. Uno de estos era fariseo, y el otro reconocía que era pecador. Uno estaba lleno de orgullo, y el otro estaba contrito. El orgulloso oró consigo mismo, pero el contrito oró a Dios (Lucas 18.10–14).

Recuerde la bienaventuranza de Jesús: «Bienaventurados los pobres en espíritu…» (Mateo 5.3).
Bienaventurados los que tienen su orgullo en bancarrota, porque ellos recibirán riquezas espirituales.
Bienaventurados los que reconocen que son pecadores y se arrepienten de conformidad con lo ordenado por Dios, porque ellos serán perdonados y andarán con Dios.

CONCLUSIÓN
¿Tiene usted un corazón contrito? La contrición, esto es, el quebrantamiento y el arrepentimiento, es un conjunto que incluye un corazón que confiesa sus pecados, se deja enseñar y es obediente.

Si quieren saber todo el estudio completo vayan a www.fotologcristiano.net/jeshua

DIOS LOS BENDIGA A TODOS




On January 22 2008 1070 Views



Avatar r_linda

R_linda On 22/01/2008

HOLA

Q LINDO MESNAJE
ME LLENA MUCHO
DE VERDAD Q KIERO TENER UN CORAZON ASI PARA DIOS
SE Q CUANDO PECAS EL CORAZON SE TE ASE DURO
Y PUES ES DIFICIL VOLVERLO CONTRITO
PERO ES EN ERELAIDAD LO Q DESEO
GRACIAS POR LA PALABRA

DIOS TE BENDIGA!





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