Hoy no hace falta foto. Hoy es sábado, lo sé por mis vecinos, que hacen el amor como animales. Él ruge como un oso con espasmos, sin continuidad, quizás tan sólo al culminar, tras un silencio asesinado por la almohada. Ella, en cambio, con ese acento marejada de los chinos, se acerca hasta el orgasmo entre gemidos (y entre paredes) a vastas y bastas risotadas. Le entra la risa siempre al final y yo no me puedo imaginar un animal más estúpido, con sus tacones altos y cuadrados, ropa barata de puntilla, bolso caro y michelines de orgasmo. Tiene una risa de diva poco ensayada o de ahogo permanente boca arriba, semironco. No suele oírse movimiento, así que puedo imaginar lo burdo y estático de la escena, ella siempre abajo, sin ni siquiera muelles que aporten dinamismo (estamos en Japón), sin ni siquiera tatami que se astille. Tan desagradable como un escupitajo de Pekín. Tan esperpéntico como absorber los fideos a la par que cae el moco sobre el cerdo cocido o la espiral del naruto en la sopa caliente. Y se suma el patetismo del espacio, un cuarto como el mío, sin nevera... Por fin terminan. Han tenido días mejores, quizás mañana, que es domingo. Hoy fueron con las prisas de haber currado todo el día y se han dejado llevar por esa obligación de complacerse mutuamente, por desidia. Ahora ya sólo se oyen los gargajos del macho, que esputa en el lavabo todo el esfuerzo acumulado en la garganta tras una cajetilla (como la que olvidó tirada antes de ayer en el pasillo). Ahora ya se han callado. Mañana tomarán su desayuno con arroz y barrerán el piso. Lo barrerán con esa escoba para limpiar el rellano que hay junto a mi puerta y luego dejarán toda la mierda junto a mi puerta, tal cual, como cada semana, con la misma falta de conciencia con la que vomitan ahora todos sus sonidos junto a mi pared, ya casi marrón. No soy xenófobo, de eso ya me he dado cuenta viviendo tan lejos y tan fuera, pero sí es verdad que en estas noches uno se vuelve inevitablemente xinófobo... O lo que es lo mismo, japonés: y vete a tu país chino de... O quizás no sea más que envidia. Con todo, yo aprecio el silencio. Y lo respeto en casas de papel.
P.D. Más vale que deje de fumar. Sigue escupiendo. Mañana se lo digo.
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