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El otro sin vos

“¡Ya no hay más hombres!”, gritan las mujeres. “Las minas son todas unas histéricas”, se quejan los hombres. “¡Yo no me siento un puto común, como el resto de los putos que son todos huecos!”, decreta un puto. “No me gusta la torta masculina, marimacho… quiero una mujer como yo… femenina”, se le escucha decir a una tortillera.

¿Por qué no aparece lo que estamos buscando? ¿Estaremos buscando con ganas de encontrar? ¿O es simplemente un relojeo frívolo que nos sirve como excusa para seguir justificando nuestra soledad?
El complejo de inferioridad que produce la modernidad, la incertidumbre de tener que ubicarnos en algo que no somos, nos lleva a la deshumanización y a la despersonalización. Los tics y las costumbres que hemos adoptado últimamente para parecer mejores hacen que estemos ajenos a nuestro ser, a nosotros, a nuestro carozo. Me tiene aburrido el discurso de la mayoría de la gente que balbucea sin ganas que es mejor estar solo que mal acompañado. Refuto, contraataco y contradigo esa afirmación absurda. Voto por estar mal acompañado a estar solo. No hablo de estar en soledad, estar en soledad es en cierta forma estar en paz… es reconfortante. Hablo de estar solo, solito y tu alma… solísimo… vos y vos sin vos… un puntito perdido. Es espantoso. Angustiante. Desesperante.

Casi como viendo nuestra imagen en una pantalla gigante diciéndonos a nosotros mismos que para estar mal con alguien prefiero no estar, seguimos estando solos. Es increíble cómo el miedo a acercarse al otro es mayor al miedo de permanecer solitos. También es increíble que sigamos buscando a esta altura de la soirée al príncipe azul y a la Cenicienta. ¿Todavía no quedó claro que no hay ni príncipes azules ni cenicientas? ¿Qué es una relación ideal? Mientras tratamos de encontrar a una persona física, tangible y concreta flotando dentro de esa utopía abstracta, pasan los días y estamos solitos. [...]

[S]ostengo que hay un miedo al cual no le estamos prestando demasiada atención. Es el miedo a que nos vaya bien en una relación. Es el miedo a coger. Es el miedo a las diferencias del otro, a su aliento, a su vida, a su historia, a sus manías. Una relación pasional, una unión sexual y afectiva no se logra luego de una construcción mental, no sucede después de las reglas aparentemente sensatas que propone nuestra vergonzosa omnipotencia. Creo que no. Creo que una relación, una pasión, aparece y sucede cuando no tenemos miedo y estamos abiertos… y aquí me preguntarán: ¿y cómo se hace para no tener miedo?

No sé cómo se hace pero te puedo explicar lo que yo siento. Siento miedo a estar solo. Siento ganas de coger, de tener mariposas en el estómago, de enfermar juntos de lo que sea… de pasión, de pestes… Tengo miedo de seguir sosteniendo mi vida solito y de no tener la valentía de que otro me la pueda llegar a robar, tengo ganas de que el otro me robe la vida, tengo ganas de dejar de ir a comer con un amigo como le había prometido, de cagarlo, de fallarle, de mentirle porque el amor que siento por él me tira de las tripas. Y si mi amigo no me entiende que se vaya a la mierda. Resumiendo: tengo pánico de tener miedo, el miedo que no tienen los solitos… a estar solitos.

La histeria, la obsesión por estar sanos, por no dejarnos invadir, hace que muchos estén solitos. Enfermate de una vez, apestate. Que te traguen la vida de un bocado y perdete en la inmensa oscuridad del otro. Ese miedo, ese vértigo, esa caída libre, se llama permitirte enamorarte.


Fernando Peña. Diario Crítica.




On June 21 2009 1 Views






Tag - Cosplay
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