Invoco todos los besos que me diste la paz que atravesaba la tierra mientras la noche nos citaba a oscuras invoco el compás al que suspira tu corazón y el mío si nos habla desde el crisol de nuestra voz interna en fe y en sol en esta hora de sueños sin regreso.
El final del día es siempre un momento para filosofar y disfrutar de la efímera y bella luz que lo acompaña.