Visita de Padres a China parte 3
2005, 2007 y finalmente, 2009.
El primer año que vinieron nos hicimos un viaje increíble, visitamos varios de los lugares más bellos y peculiares de China: Lijiang y Kunming en la provincia de Yunnan; Yangshuo y Guilin en la provincia de Guizhou; Pingyao en la provincia norteña de Shanxi; y también Hong Kong, Shanghai y, cómo no, mi querido Pekín: a descubrir sus parques, con sus gentes haciendo ejercicio, jugando a las cartas, bailando o practicando tai chi, masajistas improvisados, cantantes de ópera china en los soportales chinescos del Palacio de Verano y gente amable y curiosa que hace por hablar contigo. Fueron tres semanas de viaje fantásticas, de no parar, de trenes nocturnos con personajes variopintos incluidos una mujer de risa nerviosa y un abuelo que da una botella vacía a su nieto para que haga pis en ella-, aviones, paseos, miles de fotos, comida china rica, muy rica los primeros días mi padre anduvo con un tenedor en el bolsillo pero después se hizo a los palillos totalmente
Y después de la primera experiencia china, tras haber visitado los puntos turísticos por excelencia, vamos un paso más allá y por tres semanas nos convertimos en la familia de laowais (extranjeros) en Baoxing, un pueblito remoto de la provincia de Sichuan, mi casa en 2007. Y allí mis padres me acompañan y comparten conmigo lo que para mí ha sido mi experiencia china por excelencia y una experiencia vital fantástica. Y damos paseos y bailamos con las mujeres tibetanas que se reúnen en la plaza del pueblo a bailar cada día al atardecer y mi madre se las apaña como puede para que comamos una dieta variada en un pueblo donde el mercado sólo ofrece una variedad limitada de carne y verduras, atreviéndonos incluso con un pollo raquítico (y tremendamente duro) que nos despluman allí mismo. Me acompañan también a los training en los pueblos y mientras mi padre graba las sesiones con mi video-cámara, mi madre hace punto ante la mirada atenta de las mujeres locales, grandes aficionadas a ese quehacer, que quieren aprender una forma distinta de hacerlo. También hay tiempo para hacernos algún viajecito, así que aprovechamos que estamos en Sichuan y, mientras yo trabajo, ellos exploran Chengdu a sus anchas y en dos fines de semana distintos nos vamos a la Montaña Emei uno de los puntos clave de peregrinación budista en china-, y a ver el Buda gigante de Leshan y el bello parque que lo rodea (recuerdo un puente muy alto y arqueado realmente precioso). Por supuesto, de nuevo hay tiempo para Pekín. Durante el mes de julio realquilamos la casa a mi amiga Maliya, que se ha ido a pasar el verano a España, y mientras yo estudio chino en la academia TLI cerca del parque de Chaoyang, ellos siguen andando y recorriendo los hutongs y calles de Pekín. Por la tarde nos juntamos y seguimos haciendo cosas, paseando por Qianmen, la calle de Liulichang, comprando en el mercado de la seda (o palacio o casa de la seda, como mi madre lo llama), y hasta nos atrevemos con la ópera de Pekín. Y como mis padres en China ya se mueven como pez en el agua, se van solos a Xian y sin paquete turístico ni nada, se van a ver los Guerreros de Terracota por su cuenta, en el autobús local, sí señor.
Y finalmente, antes de que su higa se vaya de China, vuelven al País del Centro, a donde el mismo quiere volver. Empezamos a lo grande, con la celebración por todo lo alto del 60 aniversario de la fundación de la República Popular China. Por las estrictas medidas de seguridad optamos por quedarnos en casa y ver la parafernalia por Internet. A los días seguimos viendo la puesta en escena de Turandot por Zhang Yimou en el estadio olímpico (conocido como el nido). Una mega producción y una ópera divina que se quedan en poco porque a veces para hacer las cosas a lo grande, es mejor hacerlas más pequeñas. Pero seguimos, seguimos y aprovechamos el poco tiempo de vacaciones que tengo esta vez y nos hacemos dos pequeños viajes: el primero a Dalian, el puerto más importante de China y la ciudad más limpia que he visto en este país, donde además visitamos la playa (que estaba llena de parejas chinas haciéndose fotos de boda con sus trajes de princesita blancos al estilo occidental y de gente pescando calamares dentro del agua a pesar del frío que ya hace) y tras un buen paseo nos damos un empacho a marisco local, que sin embargo, no es demasiado bueno. Como siempre cosas curiosas: en el hotel al que llegamos (y del que nos fuimos porque la habitación que nos dieron, además de sucia, aún olía a bajiu, el alcohol típico chino), oí que a un chico que parecía indio no le dejaron compartir habitación con una chica china por no estar casados (!)..... (continúa abajo)
On November 28 2009
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