7/17/09
Pero hasta los mismos cuentos pueden enseñarnos muchas cosas sobre la forma de ser de los hombres y las mujeres. Sólo hay que verlos con un poco menos de superficialidad.
La madrastra de Blancanieves, al enterarse de que ella ya no era la más bella, directamente la manda a matar.
¡Yegua competitiva!
Hoy en día no vamos a negar que las mujeres son más competitivas entre ellas que los hombres, al menos en materia de belleza.
Así arranca el cuento... ¿Y cómo termina? Con un casamiento entre Blancanieves y un príncipe. Pero fíjense qué curioso: el príncipe no reparó en el oscuro pasado de Blancanieves. Al verla tan hermosa se boludizó tanto que ni siquiera se puso a pensar que la mina venía de convivir con siete enanos calentones y bien dotados en una cabañita con siete camitas en el medio del bosque. Con sólo contar las camas se tendría que haber dado cuenta de que su mina no tenía cama propia, por lo que debían ser ciertos los rumores que se escuchaban en la comarca de que Blanqui dormía cada noche con un enano diferente.
Él vio a una mujer hermosa y le dio para adelante autoconvenciéndose de que era perfecta. Todo lo demás no lo veía o no lo quería ver. Y a Blancanieves le interesó bastante poco que el príncipe fuera un necrófilo hijo de puta que se mandó a comerle la boca mientras supuestamente la estaban velando.
Lo único que le importó fue que el tipo era príncipe vaya a saber de dónde y que tendría un castillo y varios sirvientes a su disposición. Blancanieves no se fijó si compartían los mismos gustos, si tenían afinidad de caracteres, si tenían objetivos de vida comunes. Nada. Era príncipe y listo.
Ustedes dirán: ¿en qué difieren entonces las actitudes de
ambos?
La diferencia está en que Blancanieves "se hacía" la boluda.
El príncipe "era" boludo.
(Fabio Fusaro)