http://www.youtube.com/watch?v=zSCLvh5MX8ITe vi sentada entre el público una tarde lluviosa de primavera. Te vi enzarzada entre tus brazos difuminada entre sombras, a mi izquierda. Te vi recorriendo un pasillo solitario cualquiera, sin que me vieras. Te vi absorta leyendo un cartel, un libro, una historia pasajera. Te vi conversando con cara de interés, escuchando eso que te iban a decir. Te vi sonreír. Te vi demasiadas veces hasta darme cuenta que te miraba y que sin remedio no podía apartar mis ojos de la dirección que marcaba la melodía de tus pupilas, para intentar encontrarme con ellas casualmente en algún local con sabor a mar con vistas de atardecer.
No te encontré. No tuve esa suerte. Brillabas como las luces incandescentes que alumbran noches de verano, como las estrellas que nos recogen de vez en cuando bajo su manto, imaginando nombres imposibles que expliquen por qué nos guiñan un ojo, por qué nos persigue el frío y la Luna, por qué te extraño tanto sin razón alguna. Sólo tuve que abrir los ojos y ahí estabas esperándome bajo una lluvia fina que sin querer nos calaba. No hubo ni una sola palabra, bastó el encuentro pactado de nuestras miradas, para que hablaran. Nubarrones azul púrpura lo cubrían todo, sin sol, porque ya estaba tu sonrisa para alumbrarnos. Era tarde. No sé cuánto tiempo me tomé para hacer esos cinco pasos. Pero levanté la mirada y el cielo era negro azabache, y un foco imaginario nos señalaba a los dos. Desapareció el gentío que se agolpaba en esa esquina, en esa calle, en esa farsa de estación. Nos quedamos solos, tú y yo, en esa tarima, en ese escenario, en ese decorado que me imaginé descrito en las líneas de ese guión que durante tanto tiempo compuse para un patio de butacas vacío.
Te busqué. Fui tras tus pasos, tras la sombra que proyectaban en esa media luz que siempre nos envuelve, tras tu gesto inocente que nos distanciaba. Me acerqué tanto que me fundí entre tus manos, tu pelo, tu imagen, tu destello. Conversamos entre mis comentarios estúpidos que se vestían de una inteligencia de medio pelo. Me miraste, me sonreíste, te escondiste, te callaste. No hizo falta más.
Me rindo.
Soy tuyo.
Déjame abierta la ventana de tus sueños esta noche también, para imaginar de nuevo estas líneas como si fueran ciertas, como si hubieran sucedido, como si fuese un secreto difícil de dibujar, difícil de decir y lo tuviésemos que compartir bajo la mesa… tras tu mirada misteriosa.
Me doy cuenta, que cada vez vivo más entre sueños. Te imagino. Te perfilo. No quiero despertar. Quédate conmigo.
me has transportado