6/18/09
Hay una luna enorme detrás del edificio
que parece inmóvil, pero ¿es lento
el cielo? ¡No! Es un rayo, ya pasaron 4
días de Semana Santa. La luna
devoró sus distancias, y mañana en la radio
habrá malos pronósticos. Dos días
en los que las religiones hicieron sus paces.
Vimos una banda de predicadores -Bad Seeds
pero pobres, en un Volkswagen (auto
del pueblo), celeste modelo ’71.
De trajes grises y negros,
camisas blancas, cantaron a Dios
en el parque, nos parecían una película
de los Kaurismaki, medio ebrios de amor santo.
Había una chica joven
en la ronda, con pollera negra y musculosa
violeta oscura, los hombros muy lindos.
tenían instrumentos viejos por los que algunos
psicoroqueros pagarían buena
plata, parches de cuero, batería
chiquita, un sonido de guitarra que sonaba
a la misa del judío
Leonard Berstein, o al disco Mondo Cane
de Mike Patton: música de otra parte.
Una delicia del buen dios eléctrico.
...
Una noche leí poesía en el abasto
con un pibe de europa oriental
(europa del este: para dormirme,
a veces pienso que viajo por una
estepa de la europa central, ¡ja!,
aunque sé que hoy las chicas más jóvenes y lindas
de la pornografía
mundial son rusitas muy flacas, de ojos
transparentes como las tractoristas
soviéticas de los sueños
de Castelnuovo), él tocaba el acordeón, era
delicado y gordo, tomaba vino,
y yo: cerveza. Él cantaba
lindo, estaba aprendiendo a bailar salsa.
Citaba esos paisajes y yo leía “me
obsesiona la superficie la siesta, de esas
jovencitas profundas
y frágiles..”, atrás de mí, por una ventana
que daba a la cocina
entraba mucho ruïdo -yo estoy
afónico, pero tengo un vozarrón, y una
chica que estaba sentada
con el novio se tapaba la oreja
cuando yo leía: “las tres deben desmayarse
del calor que hace”, y refunfuñaba.
Esas canciones eran citadas, como el cuerpo
lindísimo de la hardcore-
pentecostal era citado en la eléctrica
moral de su congregación, de manos
levantadas, hechas radares místicos,
que le ponían el pecho
a las ondas divinas
de Dios, y esa chica de pelo lacio
y largo y negro, manos bien arriba
al asalto de un cariño velado.
hermoso