Francisco el Canario llevaba 5 años junto con Isabel, su dueña, señorita entre señoritas, sonriente entre sonrientes. Cada mañana Isabel escuchaba atenta y con sonrisa mansa el relato armónico y entonado de Francisco. –Qué hermoso cantas Francisco, me encanta escucharte cantar todas las mañanas- Decía con voz complaciente. Por 5 años El canario Francisco cantaba por la mañana casi una hora, por la tarde un par de horas descansando de vez en cuando, y por las noches hasta dormirse. Ese era el día de Francisco, el canario Cantor.
Francisco el canario vivía en una jaula pequeñísima donde solo un par de veces al día podía cambiarse de posición, estirar sus alas y mirar por la pequeña ventana de la habitación de Isabel, el viejo y gigante cielo azul.
Francisco el canario llevaba 5 años viviendo junto a Isabel y en cinco años nunca había salido de su jaula. La gente del barrio siempre alabo a Isabel – Isabel, Isabel, que bello canta su canario, llena de alegría nuestras casas, todas las mañanas me despiertan sus notas, ¿usted le enseño a cantar?- preguntaba el señor de la esquina, mas Isabel contestaba – Por supuesto, apenas llego a mi casa y empezó a cantar, yo lo acompañaba con mi voz, guiando sus cantos, antes cantaba poquito, pero gracias a mi adiestramiento, ahora canta hasta cansarse- decía con una sonrisa de oreja a oreja.
-Bien aventurada sea usted- decían a coro los imbéciles que escuchaban esta cómica anécdota repetida día tras día como comedia barata de televisión.
Francisco el Canario llevaba 5 años mirando desde su jaula ver volar aves similares a él, cuervos, palomas, picaflores y hasta jóvenes enamorados.
Lo que nadie había percibido era que Francisco el Canario lloraba desde que despertaba, con armonioso gemido su desdicha, lloraba hasta que su garganta se secaba, mas en las tardes lloraba de desesperación, y por más que trataba de hacerse entender por Isabel, esta sonreía y le decía – Que hermoso cantas Francisco, me encanta escucharte cantar todos los días-
Un día Francisco se canso de cantar, y no canto en semanas. Todos preguntaron a Isabel -¿por que, por que ya no canta Francisco el canario cantor?- y ella con sonrisa sonsa en sus labios concluyo – Es que le hace falta una amiguita- y todos, sabios y conocedores del mundo animal, concluyeron que era la solución.
Abigail llego un 14 de febrero a la vida de Francisco, en una jaula aun más pequeña que la de él. Abigail no comprendía donde estaba, y naturalmente, canto con todas sus fuerzas aquella mañana. Isabel, con sonrisa sonsa, animo a Francisco a seguirla en su melodía, más Francisco, el canario cantor, no pudo mover ni una pluma por un segundo paralizado por el dolor, sentir como su pequeño corazón era devorado por la tristeza de ver como otra alma era devorada por la inercia de su mundo. No lo soporto, y en un gemido lleno de dolor, se escucho como Francisco, el canario cantor, gritaba al mundo con desesperación e impotencia una última nota musical, grito con tanta fuerza que arrojó todo el aire de sus pulmones y murió desplomado ante los ojos atónitos y acuosos de Isabel. Muchos pensaron que había muerto un ave gigantesca, quizás un cuervo perdido por el horrible graznido que retumbo en toda la pequeña ciudad. El sonido llego a cada casa como una ola que golpeo los tímpanos de cada vecino, pero primero se instalo en la memoria de Isabel, como bala bien encajada en el hueso. Isabel nunca pudo olvidar ese sonido. Nadie que lo haya escuchado podría olvidarlo. Desde aquel día Abigail no ha vuelto a cantar, no ha vuelto a comer, ni a estirar sus alas. Isabel no ha vuelto a salir de su casa, tampoco ha vuelto a hablar, solo llora todas las mañanas al mirar la jaula vacía de Francisco. Yo que paso por su ventana a diario siempre le digo – Que hermoso cantas Isabel, Me encanta escucharte cantar por las mañanas-
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QUE TEXTO MAS MAESTRO
!
EXCELENTE
SUERTE
MUCHOS SALUDOS SALUD
DAMIAN R, CALAVERA