5/16/06
¿Se acuerdan de ese sketch recurrente del Saturday Night Live de las temporadas de 1995 a 1997 que se llamaba The Joe Pesci Show? Weno, era una especie de talk show cuyo anfitrión era el conocidísimo actor de soporte Joe Pesci, interpretado por el miembro del elenco Jim Brewer. El programa básicamente consistía en las rabietas de Pesci al creer que sus propios invitados (sus colegas de Hollywood) lo estaban insultando o menospreciando. Siempre terminaba dándoles una feroz paliza al estilo gangsteril urbano contemporáneo (con bates de béisbol y demases). En algunas ocasiones, su co-anfitrión era brevemente expresivo Robert de Niro (interpretado por los anfitriones Alec Baldwin y John Goodman). El momento cúlmine de dicho sketch ocurrió cuando irrumpieron los verdaderos Pesci y De Niro para darles una lección a los imitadores. Simplemente notable.
Casi todas las frases y circunstancias que se retrataban en el sketch provenían de la obra maestra Goodfellas (literlamnente Buenos Muchachos, como la conocimos acá), la película con la que Martin Scorsese recibió los 90 con lo que mejor sabe hacer: exponer en un relato fílmico todo lo aprendido y lo aprehendido en la calle y como testigo observador de su entorno de niño en los barrios de la Little Italy en Nueva York.
Lo curioso es esto: la historia en la cual se basa Goodfellas es la que se cuenta en el libro Wiseguy, de 1980, escrito por Nicholas Pileggi, quien relató su experiencia con la mafia y su descenlace en el Programa de Protección de Testigos. Scorsese quedó tan maravillado con lo que leyó, que se las arregló para contactar a Pileggi y decirle que quería adaptar su libro para convertirlo en película. Para hacerlo, trabajaron juntos en la adaptación a guión y el resultado no pudo haber sido más adecuado que el que vimos en la película.
Henry Hill (Ray Liotta), un tipo de ascendencia italiana irlandesa, se ha involucrado desde muy joven con la gente del barrio: los gangsters, que manejaban todo como si fuesen los reyes del mundo. Incluso, revisando su historia, afirma: "Desde que me puedo acordar que he querido ser gángster", o "para mí, ser gángster era muchísimo mejor que ser Presidente de los EE.UU.". Desde niño ha admirado a Jimmy Conway (Robert De Niro), un gángster que siempre está presente, a pesar de no ser de familia completamente italiana como el violento Tommy DeVito (un notable Joe Pesci), pero con un historial de muerte, robos y fechorías igual de notable. El "don" vendría a ser Paul Cicero (Paul Sorvino), quien se muestra como un padre protector más que una figura de terror. Claro que, dentro de ese mundo, funcionan otras reglas.
Goodfellas tiene muchísimos más personajes secundarios y ocasionales, los suficientes para pintar un cuadro maravilloso de realidad y cotidianeidad a lo que se quiere contar. Scorsese maneja los códigos de películas de mafia a la perfección. Acá no hay cosas tan sagradas ni solemnes, tampoco guerras entre bandas sin fin. En Goodfellas, Scorsese muestra el lado más humano y habitual de gente que debería ser normal, como cualquiera de nosotros, sólo que vive al margen de la ley. Para ellos, el resto del mundo no cuenta, sólo la familia y los amigos. El dinero en efectivo abunda, al igual que las cosas materiales, los lujos, las salidas como si fuesen estrellas de cine y un extraño y atrayente glamour de la costa este.
En el universo de Goodfellas, todo funciona siempre y cuando no hayan traiciones. Las ejecuciones por afrentas son habituales, tanto como los platos de spaghetti que les gusta cenar mientras hacen sus "trabajos". El relato en off del propio Henry nos transmite ese nivel de relativa normalidad en el cual se mueve su mundo. De seguro, el mismo que veía Scorsese de niño en las calles de su barrio. Si bien se sabe la diferencia entre el bien y el mal, la formación italiana católica y la moral, el día a día va tiñendo las cosas de otros matices.
Goodfellas juega con el filo del peligro, la violencia excesiva y la dualidad de las situaciones a la cual se enfrentan los personajes. Para ellos, el resto del mundo son "los estúpidos", los que no quieren tener las cosas por el camino más fácil. Como ya sabemos qué pasa al final, la vida licenciosa tiene fecha de vencimiento y más temprano que tarde se llega de golpe a la realidad de "los estúpidos". En ese mundo, el ser un don nadie en una casa regular con acceso sólo a fideos comunes y corrientes, sin comidas de lujo ni salidas espectaculares, es el pan de cada día. La resignación de Henry es palpable de inmediato e, incluso, se puede llegar a sentir empatía.
Scorsese logró algo con lo que siempre cuesta dar: llegar a las situaciones cotidianas de gente común y corriente. Porque, al fin y al cabo, podrían ser mafiosos, funcionarios de gobierno u obreros. Lo que se rescata es la problemática humana vista del modo más realista y cercano posible. y eso logra Scorsese acá.
Momentos memorables y frases para el bronce abundan. ¿Cuál es vuestro momento favorito? ¿La frase predilecta? Quizás haya más de uno. Y es por eso que seguimos comentándola y disfrutándola en el trasnoche. Si no la han visto, corran de inmediato a arrendarla.
Desde que ví cuando chico El Padrino, me encanta todo lo relacionado con la mafia,los gansters y los 50s. El jazz y la múscia negra tb, como que tb tiene esa calidez, aunque para ser sincero conosco re poco, por no decir nada de esos estilos.Tiene una mística especial, como que te encierra. El otro día veía un reportaje de la mafia italiana y para la gente que le ha tocado vivir la represión es terrible. Algo parecido se sigue viviendo en Colombia, pero por ser sudaca al parecer a nadie le causa gracia, y por estos lados nadie hace nada.
Saludos!