4/16/06
Que curioso que, a pesar de tantos años que han pasado desde que se separaron, nadie haya podido sacar de su sitial a Cream, el power trío más seminal de toda la historia. Nadie ha logrado calar tan profundo como ellos, con apenas 3 discos de estudio y un poco más de 2 años de actividad. La lección más importante que Cream nos dejó es que podemos alcanzar energías inconmensurables con los menos elementos posibles. Sólo se necesitan una guitarra, un bajo y una batería en lo material, y mucho corazón y alma en lo emotivo.
Cream le dio una vuelta de tuerca a todo lo que sonaba en ese momento. Su revisionismo del Blues pasado por la scodelia y la potencia de murallas sólidas de sonido redefinió la manera de tocar e improvisar hasta nuestros días. La guitarra del alma de Eric Clapton, la potencia vocal y las líneas sólidas y precisas de bajo de Jack Bruce y las percusiones precisas de la batería de Ginger Baker han sido capaces de seguir sonando frescas incluso en nuestros tiempos. Cuando toda pareciera ir para cualquier lado con las millones de opciones que nois resenta el océanod e elementos que se tiene a la mano, lo que hizo Cream aún nos puede enseñar un camino válido y puro. Aún suenan como la mejor banda del mundo, como Jerry García respondiera con una sonrisa cada vez que le preguntaban por Cream mientras tocaban.
El segundo disco del power trío británico es el que resume de mejor manera su legado. Lanzado al terminar el mítico verano de las flores de 1967, en pleno septiembre, Disraeli Gears sentó parámetros únicos en el quiebre sonoro más duradero de todos los tiempos. En una época en que muchas de las cosas que aparecían lograban redefinir cosas y cambiar el modo con el cual nos relacionamos con la música popular, Cream logró aportar con su granito de arena a la evolución que se da no por mayor tecnología ni técnica depurada, sino por el reencantamiento con una idea muy básica, tanto que resulta demasiado fácil olvidarla e, incluso, obviarla: el placer por tocar y transmitir a través de la música. Sólo tocar hasta que tus dedos estén cubietos de sangre y tu aliento se acabe. Tocar hasta que ya no puedas más. Tocar hasta que te revientes arriba. Tocar con todo, sin facilismos ni cosas baratas. Tocar con el alma.
Cream logró sintonizar con la vibra de la época y mostró un notable avance en su segunda entrega discográfica. Atrás quedaban los guiños exquisitos de pop de I Feel Free o las improvisaciones sin rumbo (aunque gozosas igual) como Rollin And Trumblin o la maquinaria de pocas palabras de I´m So Glad. Acá Cream se la jugó con todo y potenció su sonido a niveles insospechados, logrando crear murallas sonoras a punta de potencia y amplificación gigante. Eso es lo que nos da la bienvenida al escuchar ese gran juego de guitarra que luce Clapton en Strange Brew, heredado de BB King y con un falsete inquietante, complementado con sugerente lírica de vodoo. Le sigue la fundamental Sunshine Of Your Love, la marca registrada de la banda que contiene uno de los riffs esenciales para todos los que tocamos (o intentamos tocar) guitarra; en esta canción todo es perfecto: el solo y riff de Clapton, la línea rítmica de Bruce y el ritmo casi sincopado de Baker.
Después, un genial juego vocal entre Bruce y Clatpon con World Of Pain, con una batería de Baker que pareciese venir desde lo más profundo. A continuación, la atmósfera mágica de Dance The Night Away, con unos quiebres instrumentales demasiado gloriosos como para perdérselos. Le sigue el divertidísimo Country que trae Blue Condition, con líneas vocales sorprendentes y de lo más poco triviales que se puedan escuchar.
El lado B lo abre una de esas canciones que fácilmente se quedan en nuestros oidos para siempre: Tales OF Brave Ulysses, con un toque medio gótico y oscuro, que le da el peso suficiente para que un trío suene como un ejército de potencia sonora. Después, la inquietante SWLABR (que es She Walks Like A Bearded Rainbow), con un rocanrol poderoso y con onda, dejando un poco de lado la sicodelia preponderante en la placa. A continuación, se bajan las revoluciones (en apariencia) para la sorprendente We´re Going Wrong, que nos sumerge en las profundidades mismas de todo el asunto, arrastrados por el peso del sonido que sale de los parlantes.
Le sigue uno de esos Blues característicos del mano lenta, Outside Woman Blues, que Clapton hace propia a punta de riffs inolvidables y solos demoledores. Después, un Take It Back que podría haber calzado perfectamente en el Fresh Cream, ese primer disco. En esta última parte el Blues se apodera de la atmósfera, dejando a la sicodelia concentrada en los primeros cortes. Entra lo más puro de las guitarras, bajo y batería, además de harmónicas increíbles. El disco cierra con una aparentemente improvisada Mother´s Lament, que contrasta mucho con esa poderosa Sunshine Of Your Love, pero que logra despedir el disco de manera sutil y relajada. No será un broche de oro, pero es lo suficientemente acorde para crear una atmósfera única.
Disraeli Gears es de esos discos que te acompañarán por mucho tiempo. Pasarán los años, las experiencias, los amores, los desengaños, los momentos duros y los de redención. Pero siempre encontraremos la forma de encajar este disco dentro de nuestro viaje. Es de los que no pueden faltar de nuestra mochila. Si no lo han escuchado, háganlo lo antes posible.
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