4/15/06
De seguro ubican al tipo tan cool que aparece en la portada de la última revista Rolling Stone edición gringa, la que sale dos veces por mes. ¿Cuál es el motivo de que este tipo de actitud irresponsable, insulsa y de fumada despreocupada se apodere de esta portada? Es simple: 24, la serie que sólo debería haber durado UNA temporada, esa que cuenta las peripecias del agente federal Jack Bauer para salvar al mundo y a quien se le cruce pro delante (con métodos “mamísticos” para sacar info), la está rompiendo en el país del norte.
Pero no todo ha sido sonrisas para Kiefer Sutherland. De ser un actor taquilla adolescente en los ochenta, pasó a ser uno de los tantos actores ques e gastan la plata en carrete y se despreocupan del talento (sólo los genios como Robert Downey Jr pueden llevar una doble vida de esas características y salir casi ilesos de la hazaña). De ser el vampiro cool de The Lost Boys o el Athos de los 90 en la apolinea versión de The Thrtee Musketeers de 1993, pasó a ser el borracho que sacan a patadas de los bares por escandaloso y a actuar en cuanta película mala le ofrecieran, con tal de tener plata para carrete. En ese espiral descendiente de vicio, perdición, decadencia y miseria humana se encontraba Kiefer, cuando Dios se acordó de él y dejó junto a su vómito el guión de una serie que lidiaba con un novedoso formato de narración temporal, en tiempo real y con tensión al máximo. Era el guión de 24. Sutherland aceptó pensando que, en el peor de los casos, el piloto no lo vería nadie y que, si funcionaba, tendría pega segura por un año o dos como máximo.
Pero no fue así. 24 encandiló con su adrenalina y narración inteligente a la crítica y a la audiencia, la cual respaldó crecientemente al show. Es así como, tanto la serie como Sutherland, se han convertido en íconos pop. De esos que basta con solo oír mencionar o mirar de reojo para saber de qué carajo se tratan. De seguro muchos saben de qué se trata la serie y quién es Jack Bauer sin siquiera haber visto un solo episodio de 24. Muchos reclamarán de que el show te deja enganchado y esclavizado durante 6 meses cada Lunes a las 22 hrs viendo el FOX en el cable, otros esperan a que salga en DVD para hacerse maratones, y el resto, simplemente, no está ni ahí con esa gringada. Pero todos saben quién es Jack Bauer.
Si sales en la portada de la Rolling Stone, ten por seguro que te convertiste en algo más que sólo un tipo que aparece en los medios. Eres parte de un selecto grupo de artistas, políticos, y varios otros que no me acuerdo en este minuto, que han marcado un momento en la cultura popular. Desde que la revista existe, se ha tratado de eso: rescatar lo que pasa en las calles, lo que se habla, lo que se dice, lo que se piensa, lo que escucha, lo que se ve y lo que se hace. La Rolling Stone, tal como lo propuso su fundador Jann S. Wenner, pretende ser un reflejo de la sociedad y sus inquietudes. Es más que levantar ídolos nuevos botando a los viejos. Es dar un “reconocimiento” a esas personas que han calado, en un nivel u otro, en la vida de otras.
La "labor" de la Rolling Stone es tan relevante que hasta hay algunas canciones por ahí que hablan sobe este tema, por supuesto desde una mirada lúdica. ¿Han escuchado la canción de Dr Hook & The Medicine Show, Cover Of the Rolling Stone? Esta habla de la emoción que se obtiene al ver tu foto en la portada. Las bandas y gente de las esferas del arte, por más que critiquen los criterios de los editores y el contenido de la revista, sienten que lo han logrado si llegan a ser portada de ella. De seguro que la enmarcarán y la pondrán en alguna parte de sus casas: arriba de la tasa del baño o al lado de la pieza de los cachivaches.
Me imagino que ya le han echado una ojeada a la nueva edición chilena de la Rolling Stone. El experimento anterior fracasó porque se olvidaron de lo esencial en la revista: darle espacio a toda la realidad local. Una revista que sólo cubra música local pero publique crónicas sobre la realidad de un país extranjero tiene menos posibilidades de ser leída, pues el público no se siente identificado y el texto puede tomarse como ficción y no como parte de la realidad. Si revisan la segunda oportunidad de la revista en Chile, de las 4 portadas aparecidas, 2 son nacionales. Si bien hay bastante menos páginas que la edición argentina que veíamos antes, al menos el contenido es muchísimo más local que antes. Y eso es un avance, no hay dudas de eso.
La importancia de ver nuestra propia cultura y nuestros códigos propios es tan alta como el precio del cobre. Como dice Alejandro González, un país sin memoria es sólo un paisaje. Necesitamos que nuestros héroes vivan a la vuelta de la esquina, no bajo el cartel de Hollywood ni en un yate en Mónaco. Tiene que caminar por la Estación Central, comerse un completo frente a la Plaza de Armas (weno, también puede ser en el Liguria :p) y encontrártelos caminando por Ahumada. Necesitamos sentir que, algún día, podemos llegar a estar en la portada de la Rolling Stone.
me gustó loq ue escribiste ;) cómo va todo , bien? un smuack!