5/3/07
Borrando mails viejos me encontré con esto.
Es un mail que mandé a la gerencia del restaurant Filo (en San Martin al 900), después de haber tenido un altercado al ir a almorzar con un amigo.
Obvio que no me contestaron, y obvio que nunca más fui.
Bueno, antes de borrarlo lo cargo acá.
saludos,
Gustavo
A quien corresponda:
Hoy miércoles al mediodía fui al restaurante a almorzar con un amigo.
En nuestra conversación, le comentaba a mi amigo sobre un tema que estoy grabando en mi próximo disco. Al retirarnos del local, observé que había un piano, y le pedí permiso a una mesera si podía tocar un minuto el piano, la cual me dijo que sí, que no había problema. Me acerqué al piano con mi amigo para hacerle escuchar el tema del que estuvimos conversando, le subí la tapa y cuando toqué el primer acordé escuché que estaba muy desafinado, ante lo cual le comenté que era imposible tocarlo. En el mismo momento, una chica que estaba detrás de la barra me comentó que el piano estaba muy desafinado, y otra chica que estaba con ella, de espaldas a mí, se acercó rápidamente y con aire de enojo repitiendo “no se puede tocar el piano, no se puede tocar el piano...”, y mientras yo lograba sacar las manos velozmente de las teclas bajó la tapa en forma muy descortés. Después de esto, y demostrando un gran fastidio, volvió a darme la espalda y se fue hacia la barra nuevamente, mientras las pocas personas que había cerca la observaban desconcertados por su actitud. Esta chica era la que nos indicó la mesa a ocupar al llegar al salón.
Con mi amigo optamos sencillamente por retirarnos sin hacer ningún comentario.
Durante el resto del día, mientras trabajaba en mi estudio, estuve pensando en la actitud de esta chica y lo estuve conversando con algunos de mis alumnos y colegas. Y me gustaría compartir con ustedes algunas ideas.
Desde el año 98 y hasta el 2001, toqué todos los sábados en Down Town Matias con mi banda de música celta Amergin, y alguna vez hemos ido a tomar algo al local de ustedes con mis músicos. Vi crecer esa zona, y también viví el comienzo de la decadencia de esa zona, cuando de algún modo “se superpobló”.
Comprendo entonces la actitud defensiva hacia alguien que quiere “joder” con un piano. Me imagino que todas las noches deben tener varios momentos en los que algún joven quiera hacerse el gracioso maltratando ese instrumento, el cual ya está notablemente dañado.
Pero esa actitud corresponde manejarla con respeto, porque una cosa es un imberbe que se acerca irrespetuosamente a un piano para hacerse el gracioso golpeándolo, y otra, como en mi caso, un músico profesional que se acerca a un instrumento PIDIENDO PERMISO para hacerlo, para compartir un momento de buena onda con un amigo, y además compartiéndolo con el resto de la gente que está en el salón.
En definitiva, comprendo la actitud irrespetuosa de esta chica, pero no la justifico. Me sentí ofendido y especialmente cuando presentan su espacio como un espacio “para artistas”. No voy a dudar en comentar la anécdota a quien me cruce, y desde ya no voy a volver.
Por favor, coméntenle a esta chica que sencillamente se maneje en forma más respetuosa con los clientes, y que nunca más trate mal a un músico.
Gracias por todo, y mis respetos al cocinero,
Gustavo Fuentes