El flashback_ y 2

Arriba, alguien cayó al suelo como un saco pesado seguido de las carcajadas del resto. Tal fue la fuerza del golpe que la luz del sótano vibró, se apagó por un instante y volvió a encenderse lánguidamente hasta recuperar aquella penumbra macabra. Recogió de nuevo el arma y sujetándose a uno de los barrotes de la ventana, se descolgó dando unos pocos pasos hacia atrás por culpa de la inercia del cuerpo. Metió las manos en los bolsillos superiores del abrigo de campaña y sacó un par de cigarrillos y el encendedor. Prendió tranquilamente el suyo y ofreció el otro al hombre que ocupaba la silla en el centro del sótano. Éste, inclinado sobre sus rodillas tanto como le permitían las manos atadas a la parte posterior de su asiento, lo rechazó con un gesto abatido de la cabeza. El verdugo parece comprender, se encoge de hombros, aloja el cigarrillo sobre una de sus orejas y da una fuerte calada al suyo iluminando la figura del reo con un orla incandescente. Parece un condenado en el momento en que acercan el ascua a su hoguera. Antes de pensar en la nieve, estaba allí mismo apuntando a la cara de aquel desagraciado sentado a duras penas en una silla, un amasijo de dientes rotos, sangre y heridas abiertas de quien habían estado dando cuenta las últimas horas . Las órdenes eran claras. No debía pensar en víctimas, sólo en el enemigo. Por un momento mira cómo se desliza por el piso el pequeño hilo amarillo de miedo, el incontrolable temblor de las rodillas que hace convulsionar de vez en cuando el resto de ese cuerpo magullado, el débil sonido de las gotas sobre el charquito bajo la silla, el único sonido en aquel cuarto a pesar de la algarabía de sus compañeros. Hay también dos respiraciones. Una agitada que varias veces se para para tragar saliva, un gorgojeo espeso la otra, que parece querer abrirse paso y entonar un murmullo de auxilio. Sabe lo que tiene que hacer. Es necesario hacer uso de todo el rencor acumulado para ser capaz de dar por terminada la tarea. No es la primera, ni la última vez tal como se presenta la contienda y son muchos rostros conocidos, familiares, los que aparecen en ese momento a los lados de la silla que casi bota sobre sus frágiles patas. Esos rostros le animan y azuzan para que lleve a cabo su misión, la única misión posible tras aquel primer disparo que lo comenzó todo. Arma el hierro frío con energía lo que provoca el sobresalto y el llanto del condenado. Cierra los ojos con fuerza, respira profundo, los abre de nuevo y aprieta con fuerza los dientes hasta que le duelen. Ambos gritan. Suena el disparo y una única voz continua el grito. El fogonazo ilumina la estancia cegándole por un instante. Todo se ha vuelto blanco, como si él mismo se encontrara bajo el manto blanco de la nieve que entra ahora por la ventana empujada por el viento. Un pitido continuo queda sólo en sus oídos en mitad del mortal silencio. Un muñeco encarnado frente él, eso y nada más, caído en el suelo y pétalos rojos repartidos por la pared del subterráneo. Lejos de quedarse a contemplar la escena sube con rapidez los peldaños que se encuentran entre él y los tragos que le permitirán dormir, una noche más.
El reloj electrónico marcaba las 7:13h cuando encontraron al viejo colgado en el dormitorio. No se podía hacer nada. Quienes lo bajaron dijeron que todavía se encontraba bañado en sudor, ardiendo, a pesar de llevar horas muerto. La cama estaba revuelta. Las ventanas completamente abiertas a pesar de la noche invernal. La nieve había entrado hasta el salón. Lo único que dejó fue una nota sin sentido junto a su viejo uniforme: cuando la naturaleza se despierta, nadie sabe cómo hacerla parar.

Foto. Sarajevo. Invierno 1992-1993_ Autor desconocido

On April 22 2010 Edit







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