Siglo y sigilo de Groucho
En recuerdo del marxista más escandaloso y provocador
de los últimos cine años
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entrega 5-final
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Su creación, tal vez única en el cine y ciertamente sólo posible en el cine hablado, está llena de paronomasias. T. S. Eliot (a quien Groucho llamaba, a petición, Tom) vio bien que su arte con el juego de palabras era una forma de poesía. Pero el creador, Groucho mismo, tenía otra opinión, creo que más justa: "Mi forma de hablar", dijo en una entrevista, "es una forma de locura". No dijo, como Bergson y como Freud, judíos ambos, que todo humor es, de mente a mente, demente -el deseo de Erasmo, autor del Elogio de la locura.
El arte (de amar y de odiar) de Groucho está hecho de palabras. Aún sus interludios musicales son canciones con palabras, como su himno del riesgo: "Hello, I must be going" [Hola que ya me voy]. Dichas más que cantadas por el capitán Spaulding. Groucho tuvo escritores como Morrie Ryskind, ganador del premio Pulitzer en el teatro, y el eminente humorista S. J. Perelman, ingenios y genios del humor judío americano. Pero, esencialmente, Groucho tuvo a Groucho. Usando inversiones, versiones, quid proquos, non sequiturs, quolidbets y puns, paronomasias y parodias, el lenguaje era su idioma. Pero la última frase dicha en voz baja (él que habló siempre en alta voz) fue en una confesión a un periodista al que dijo:
-Soy un schmuck.
En Nueva York un schmuck es un estúpido, pero en yiddish, de donde viene, también quiere decir miembro viril. En la dicción de Groucho Marx todas las acepciones son posibles. Su epitafio dice: Hello, I must be going.
Guillermo Cabrera Infante