Hoy tampoco tengo nada que decir.
6/20/09
Hoy no tengo nada que decir.
Ha pasado el día, ha pasado la noche... El marco que rodea esta ventana ha cambiado varias veces a lo largo del día, la imagen ha viajado de un lugar a otro, de un tema a otro, tan dispares que no se pueden rememorar sin arquear una ceja, para luego fruncir el ceño y torcer la boca hacia la derecha. Si, hacia la derecha.
También ha cambiado el caballete (cuantas cosas han cambiado) y hasta el a veces pintor, a veces amante de la pintura que delante se sienta.
No se si ya os lo había dicho, no se siquiera si se lo digo a alguien: hace diecinueve años yo tenia diecinueve años. Cuando yo tenia diecinueve años no era yo, era un yo con diecinueve años que no se me parece nada. Era un yo que se dejaba aconsejar y que hacia lo que creía que debía hacer sin importarle lo que los demás pensasen al respecto, un yo que se había puesto una meta donde cambiar el rumbo.
Suponía mucho esa meta, no se si os lo he dicho alguna vez, porque lo cierto es que había tenido que renunciar a grandes cosas por el camino, y alcanzarla suponía recuperar el tiempo perdido.
Pero esa meta nunca llegó. ¿os he dicho que me dejaba aconsejar? Algo tuvieron que ver los consejos, si. No culpo a quien me los dio, sino al momento de ¿estupidez? en el que los acepté.
Y es justo ahora, cuando ese punto de inflexión ocupa el centro del camino recorrido, que me ha asaltado una súbita reflexión... la primera mitad fue mejor. La segunda mitad no fue mala, pero la primera mitad fue mejor, mucho mejor.
Hace un año, no se si os lo he dicho ya, volví a casa. A lo mejor es esta vuelta la que de repente me hace reconsiderar lo que ha sido mi vida desde que me marché de aquí, es posible. Ha sido una vuelta rara, deseada y no deseada a la vez, voluntaria y forzada, triste y feliz, una vuelta atrás en la que todo ha seguido hacia delante, un acercamiento al hogar que deje que me aleja del hogar que construí. Pero también esta vuelta me ha colocado delante de este lienzo que de tanto en tanto me muestra a mi y ese otro yo del que os hablaba antes. Y vaya, me encuentro que diecinueve años después estoy de nuevo en el punto de partida.
¿He completado un giro? ¿Es éste un ciclo más de los que nos regala la vida? Espero que no... vamos, sinceramente, me da igual: este motor se ha roto y recompuesto tantas veces que el piloto abandona la carrera. El coche no está en condiciones, y al piloto se le han quitado ya las ganas de intentar arreglarlo de nuevo para seguir circulando. ¿Porque? Pues sinceramente: es puro miedo a que el motor se vuelva a romper. Qué os voy a contar... a quien alguna vez se le haya roto el motor sabe lo traumático que es, y lo que cuesta reconstruirlo que que vuelva a funcionar... mucho mas si ademas nunca has ganado una carrera, y ese esfuerzo que tantas veces habías jurado no volver a hacer, pero que las mismas veces habías terminado haciendo, se desperdicia como ese complicado plato que vuelve a la cocina sin ser tocado por los comensales, y que hace que el cocinero cierre los puños para un instante después dejar caer las manos, aflojar los hombros y bajar la vista.
Pero bueno, lo dicho, aquí me quedé, fin, rien ne va plus. Cambio vivir por subsistir, por no importa, por que mas da, por otra vez sera y si no es no pasa nada, por una bici roja de alquiler que no funciona bien y que a veces no tengo ni donde coger ni donde dejar, por portazos en la cara que ya no duelen... Me bajo del ten y me quedo en este humilde apeadero sin nombre, solo, mas solo que nunca y mas solo cada vez, pero como decía el humorista, “no pasa naaaa”, “si hasta es mejor”.
Y para cerrar, solo me queda una pequeña cosa: mi más sinceras disculpas a todos, por todo. En primer lugar por aburrios solemnemente con este ladrillo si habeis tendo el coraje de aguantar leyendo hasta, aqui; por mi horrible voz si habeis tenido oportunidad de oirla alguna vez -no volvera a ocurrir, lo prometo-; por mi odiosa presencia que no ha sido seguramente mas que una incomoda molestia, o tal vez ni eso; por mi indecente calva, horrible barriga y barba sin afeitar; por las sempiternas gafas sucias y torcidas; por sudar cuando hace calor; por respirar; por estar vivo , mejor dicho, por haberlo intentado.
Pero bueno, tambien es culpa vuestra, jejeje, por poneos a leerme, justo el dia que como siempre, no tengo nada que decir.
Ya volveré a escribir otro dia que no tenga tampoco nada que decir. O no.
(Foto Marzo 2009, Valencia, Fallas)
¿La fuente del Palau de la Música?
No, las notificaciones no van desde hace mucho, mucho tiempo. Precisamente he entrado para acabar de matar esta etapa de mi vida.
Qué sorpresa que quedara algo vivo.
¿Nunca encontraste mi dirección de mail? Porque aquí nunca, jamás, pienso volver.