POR FIN TOQUÉ LA REACTABLE
11/8/09
Después de ver cómo todo puede irse a la mierda y tomar otro rumbo en tan sólo un fin de semana, volví a Sevilla antes de lo esperado con la maleta llena de ropa limpia. No había avisado, así que no me esperaría nadie en el aeropuerto, pero un autobús al centro permanecía parado mientras yo salía por la puerta. Tuve suerte, y más un domingo.
A mi llegada al Prado, tomé el tranvía y me senté, a pesar de ser un recorrido tan corto. Junto a mí había un libreto informativo que llamó mi atención. Era una exposición tecnológica del plan Avanza, algo que organiza el ministerio de industria, turismo y comercio. Algo no me cuadraba: había una Reactable. ¿Había una Reactable? ¿Cómo que había una Reactable y nadie me lo había dicho? Miré cuándo terminaba, y terminaba hoy mismo, así que o me daba prisa o me quedaba por segunda vez sin tocarla, como ya me pasó en la pasada edición de la bienal de Sevilla.
Me apresuré por entrar en el Ayuntamiento, me recorrí de cabo a rabo la exposición sin ver un resquicio de mesa azul y agudizando mis sentidos para escucharla, puesto que debía de sonar fuerte. Pregunté, me dijeron que afuera. ¡Pero si afuera no la he visto! Y salí. Nada más bajar los pocos escalones que separan el pórtico del Ayuntamiento de la plaza, la escuché, la vi. Estaba en un cuarto oscuro, el táctil azul brillaba por entre la oscuridad, y en la puerta estaba Arantxa.
– ¿Arantxa?
– ¡Hostias, Jacinto! ¿Qué coño haces aquí?
– Yo vengo a ver la Reactable, ¿qué haces tú aquí?
– ¿Te acuerdas de Mikel? ¿De Sanse?
Arantxa no había ido a ver la Reactable, había ido a ver a Mikel, un amigo suyo de hacía mucho tiempo. En el 2000 me fuí a disfrutar de mi baja a San Sebastián con Tato. Acababa de independizarme y quería celebrarlo. Arantxa estaba allí. Una pena que faltaran sólo unos días para Semana Grande. El último día lo pasaba en Bilbao, porque era desde allí desde donde tomaba el vuelo de vuelta. Así que esa noche salí con Mikel y sus amigos a conocer todos los bares de ambiente de Donosti, hasta los que abrían por la mañana.
A un tiempo prudencial para que me diera tiempo de todo, cogí un autobús de 70 minutos de precioso verde y húmedo recorrido, lleno de montañas, hasta Bilbao, con visita al Guggemheim incluida. Un paseo por el centro y alguna compra hicieron mi domingo hasta el aeropuerto, de vuelta a casa, cuando aún estaba de moda volverse a casa los domingos.
De no ser por Arantxa, jamás hubiera reconocido al pequeño y canijo Mikel que conocí. Ahora era mayor, como todos nosotros, pero también lo era en envergadura. Cambios aparte, entramos a lo que venía, que era probar la Reactable. Tras un acelerado curso sobre cómo funcionaba este nuevo sintetizador táctil, nos pusimos a juguetear con las piezas de metacrilato y sus colores. Aún me dio tiempo de llamar a mi amigo Juanjo para que escuchara algo, ese con quien descubrí la Tenori-on.
Después de producir sonidos imposibles y algún ritmo mediocre con la mesa, nos despedimos de Mikel y nos fuimos Arantxa y yo a hablar de nuestras desgraciadas vidas, unas más que otras. Lo curioso era que siempre nos encontrábamos cuando peor nos iba, parece como si necesitásemos cruzarnos para saber que hemos tocado fondo. Con todo, me alegré sobremanera de verla, más incluso que de tocar la Reactable.
Hemos quedado para esta semana. Está guapísima.
una vez que se llega abajo no queda más que subir así que ánimo con la escalada!!!
fantástico flashback
besos