8/13/09
Pobre ella, que se dejó vencer por la rutina sin verla venir. Le fue cediendo lugar, pensando que en algún momento habría de cansarse y terminaría su venganza dulce yéndose sin avisar. Ingenua ella, que la dejo sentarse en su lugar y hoy está tan presente que no la reconoce como una visita temporal, si no más bien como algo que seguramente estuvo desde siempre, porque no recuerda bien cuando fue que entró.