¿YA NO QUEDAN VIOLETAS...?
(A Antonio Machado)
Lo he meditado mucho: me daba no sé qué molestarte en tu cielo. Cuando te pienso, cuando te releo, te imagino sereno, recordando tu vida, hablando con los álamos y escuchando tranquilo a Miguel de Unamuno. Me daba no sé qué y me decía: ten paciencia, no lo incordies ahora, déjalo descansar después de tanta lucha, después de tan
tos años de fiebre y duermevela. Pensaba en tu tristeza, en tus ojos que vieron tantas cosas; algunas, miserables; otras, maravillosas. Y no me decidía a inquietarte de nuevo; me parecía inicuo sobresaltar tu sueño con historias envejecidas. Pero ayer, de repente, volví a escuchar tu voz que estaba, como siempre, oculta entre tus versos. Y era tu voz risueña, con su dejo andaluz y su gracia profunda: «Todo amor es fantasía: / él inventa el año, el día, ¡la hora y su melodía, / inventa el amante y, más, / la amada. No prueba nada, / contra el amor que la amada / no haya existido jamás...». Mi querido maestro, no es posible. Semejante dolor por un invento. Tanta desolación, tanta amargura, tanta nostalgia y tanto desconsuelo por algo que tan sólo es un invento, una ficción, un sueño, un espejismo. Desde la insoportable heterogeneidad del ser escucha mi lamento, padre mío: en ese invento se me fue la vida: cuéntale a Leonor mi triste historia: un día pasó el invento, quién sabe por qué pasó, y se ha llevado la plaza con la torre y su balcón, con su balcón y su dama, su dama y su blanca flor. Fue Atila mucho más piadoso.
(Francisca Aguirre)