El cinturón de fuego.
Hace poco nos visitó el Dr. Hiroshi Fukuoka, un ingeniero japonés, traído por la cooperación de su país, que vino a hacer un breve análisis de algunas situaciones de deslizamiento de tierra en nuestro país, por cierto, a nivel mundial, un habitante de San Salvador está en la cuarta posición de riesgo a morir en un terremoto, las razones son variadas dependiendo de las condiciones de cada ciudad, en primer lugar está Katmandú, capital de Nepal, luego Mexicali, después Quito, seguimos nosotros, después Estambul, etc
(http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/13/internacional/1263412029.html) unos por incendios, otros por derrumbe de edificios, nosotros por deslizamiento de tierra
. entonces, por eso, el chinito vino a ver casos referentes.
Pero mejor me concentro en la foto:
La cosa es que llamaron para acompañarle a un viaje al deslizamiento del picacho, en San Salvador, y de acá la impresionante imagen; desde la corona del deslizamiento (el punto más alto del éste) estamos a una altura de 1760 metros sobre el nivel del mar aproximadamente, desde acá se ve, al sur, el estadio Cuscatlán, la carretera a Comalapa rodeada por la caldera volcánica, los cerros de San Jacinto y las Pavas, al centro pues gran parte de la capital, casi toda la urbe.
Pero me llama la atención de la imagen, que nos describe cabalito cómo se conforma parte de lo que le llaman El cinturón de fuego que es una secuencia volcánica, que recorre casi todos los países con costa en el Océano Pacífico, a nosotros nos atraviesa una línea de volcancitos no muy navideños.
En orden:
Poco se aprecia, pero al fondo, apenas se logra ver nada más la punta del volcán Chaparrastique, muchas nubes lo cubren en el día de la foto, pero en la foto- es el primero de la línea; le sigue el Volcán de San Vicente, en vivo y a gato color se aprecian la cicatrices de los deslizamientos del 7 y 8 de noviembre; luego, el enorme, el que sí es de asustarse a nivel centroamericano, pero que tiene mucho de estar dormido ojo, he dicho dormido, no muerto- que se aprecia en forma de lago: Ilopango; luego la capital de por medio, hasta que llega el último de la foto, que es el punto de donde se toma la foto, el de San Salvador.
Somos un territorio geológicamente joven, por ende, geológicamente vivo, o, más activo.
La mayoría de los habitantes de la ciudad hemos nacido acá, pero todos los que habitamos en esa foto tenemos que aprender a vivir con estas condiciones, somos parte del territorio y debemos adaptarnos a éstos que son nuestros ancestros, hemos de conocerlos, de investigarlos y no ignorarles, pues su derecho de piso lo tienen más que nosotros, y su poder de decisión va muy arriba del nuestro, no saben, ni les interesa saber de políticas, de entretenimientos, o incluso de vidas o muertes, esas son preocupaciones nuestras que tienen que ser adaptadas a sus dinámicas.
Somos vecinos, no les tengamos miedo, sólo es cuestión de aprender a vivir con ellos, seamos buenos vecinos, je.
On January 29 2010
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