6/1/09
Te regalo un adiós
La plancha a vapor pasa sobre la camisa mientras él mira cómo las góticas del almidón en spray se van, así como su mente pensando en cómo será el encuentro.
Ese encuentro que hace meses deseaba, con el que siempre esperaba, llegaría por fin ese día y un restaurante sería el testigo de cómo dos almas que alguna vez se conocieron por algo tan débil como un chat, después de muchos años, su unión se volvió tan fuerte que se dirían adiós con un merecido final.
La ducha fría cae sobre su cuerpo mientras recuerda todo lo pasado, los besos no dados, las miradas huidizas, las conversaciones llenas de sentido, las muchas veces que mirando por la ventana, ya sea con lluvia o con sol, de día o de noche, deseaba compartir ese momento con ella. Pero el destino estaba escrito de la mano de Dios y decía que ella no era para él ni él para ella.
Su mirada se pierde en ver cómo su figura es reflejada en los vagones del metro mientras éste se detiene. Entra al vagón de la mitad, toma asiento y otra vez su mirada se pierde en el túnel oscuro mientras su reloj no miente; como siempre llegará tarde.
Llega a su parada de metro, es hora de correr, el recordar le regala una sonrisa al caer en cuenta que siempre llegó tarde cuando se veía con ella pero también ese tonto recuerdo hacía llenar de muchos más el corazón. Cómo olvidar el día que la vio por primera vez, el día que por primera vez se besaron, esas tardes viendo películas en su casa o el día que bajo un árbol el uno se dijo al otro que nunca se olvidarían.
Esta era la canción que sonaba perdida en esa calle peatonal, ese sonido perdido entre los cafetines bulliciosos. Se acerca corriendo y de fondo la ve, después de 4 meses…después de soñar ese día, el volverla a ver, qué diablos, así sea para decirle adiós pero la ve, allá, perdida entre una chaqueta habana y un pantalón gris, pero más que eso es saber que esa ropa envolvía lo que él quería, lo que él amaba.
Se acerca tratando de quitar las gotas de sudor después de correr unas cuantas calles, se detiene ante ella. Ahí la ve, perfecta, delicada, con su pelo como siempre cepillado, sus manos llevando como siempre su bolso y su mirada que también dice mucho pero que intenta esconder todo.
- Hola, cómo estás?
- Hola, bien y tú?
Sí, igual que el primer día que la vio, las palabras no fluyen, el silencio es cómplice y sus ojos que se pierden entre los del otro, allá en ese infinito donde se puede decir todo.
Entran al restaurante, se sientan y por un momento el silencio, ahora incómodo los invade. Otro cómo estás por pregunta, el consecuente bien como respuesta, ordenan de cenar lo mismo de siempre y siguen al pie de la letra el libreto diseñado para las personas que se quisieron pero que llevan mucho tiempo sin verse: qué estás haciendo? Cómo te fue en esto? Como está la familia? Y así, sin dejar ítem por tocar…
- Tu hermana me contó todo lo nuevo que hay en tu vida. Dice él, sabiendo lo que venía…
- Sí, la vida me ha dado un giro completo…
Su vida cambió por completo desde ese día que ella le pidió que se alejara. Conoció a alguien, las cosas fluyeron, en un viaje a Venecia él le entrego un anillo, ella dijo que sí y desde ese momento ella pasó a ser un recuerdo, pero el problema es que hasta esa noche él se enteraba. El anillo relucía, mientras ella hacía ademanes para esconderlo.
Todo estaba dicho, el pasar a ser historia estaba confirmado. Él, en esos momentos sólo se quiere preguntar, qué paso, por qué tuvo que ser así, por qué en vez de seguir el facilismo propio de los humanos no luchó por ella, el por qué ese facilismo lo invadió para salir corriendo al infortunio disfrazado de mujer, cuando ella, la que tenía en frente muchas veces lo amó sin tocarlo, lo amó sin verlo, lo amó sin decírselo. Esos son los designios de un Dios que da lo justo. Él toma la palabra…
- Yo se que hice mal muchas cosas, se que obré mal en otras pero la verdad es que no hay día que deje de pensar en ti, siempre deseando que estés bien, siempre queriendo que te suceda lo mejor, cuando uno ama…perdón, amó a alguien sólo espera y desea lo mejor para esa persona…quie..
No pudo seguir hablando, un nudo ahogó las palabras en su garganta, ese nudo que es síntoma inequívoco que el alma y el corazón sufren, se cierne sobre él, los ojos que brillan más de lo normal, como presumiendo que una lágrima quiere salir del alma hacia afuera lo invita a seguir…
- Te decía que, quiero que seas feliz que es lo único que te mereces de verdad…
En ese momento los dos suben la cabeza, los ojos se encuentran y él ve que esa lágrima que se quiere desbordar es igual a una que quiere asomar en los ojos de ella, se miran…una mirada que podría ser eterna, una mirada tan extraña que no sabe qué significa: amor? Tristeza? El adiós?. Esos ojos negros que lo siguen mirando, que siguen escudriñando buscando una verdad, la verdad que ese día salía del oscuro recóndito del ser diciendo: se amaron más de lo que creían pensar.