http://www.goear.com/listen/7232db9/Lothlorien-howard-shoreSéptimo círculo, segundo recinto: Los violentos contra sí mismos y contra las propias cosas. La selva dolorosa.(Entran en la selva dolorosa, cuyos árboles son las almas de los suicidas o violentos contra sí mismos.)
»No había llegado aún Neso a la otra parte, cuando penetramos en un bosque que no estaba surcado por ningún sendero. El follaje no era verde, sino de un color oscuro; las ramas no eran rectas, sino nudosas y entrelazadas; no había frutas, sino espinas venenosas. No son tan ásperas y espesas las selvas donde moran las fieras que evitan los sitios cultivados entre el Cecina y el Corneto. Allí anidan las brutales Arpías, que arrojaron a los troyanos de las Estrofades con el triste presagio de un mal futuro. Tienen alas anchas, cuellos y rostros humanos, pies con garras y vientre cubierto de plumas; subidas en los árboles, lanzan extraños lamentos.
Por todas partes oía yo gemidos, sin ver a nadie que los exhalara; por esta razón me detuve atemorizado. Creo que mi Maestro creyó que yo creía que aquellas voces eran de gente que se ocultaba de nosotros entre la espesura; y así me dijo mi Maestro:
-Si rompes cualquier rama de una de esas plantas verás lo equivocados que son tus pensamientos.
Entonces extendí la mano hacia delante, cogí una ramita de un gran endrino, y su tronco exclamó:
-¿Por qué me rompes?
Inmediatamente se tiñó de sangre y volvió a exclamar:
-¿Por qué me desgarras? ¿No tienes ningún sentimiento de piedad? Hombres fuimos y ahora estamos convertidos en troncos.
Cuando el alma feroz sale del cuerpo, de donde se ha arrancado ella misma, Minos la envía al séptimo círculo. Cae en la selva, sin que tenga designado sitio fijo, y allí donde la lanza la fortuna germina cual grano de espelta. Brota primero un retoño y luego se convierte en planta silvestre; las Arpías, al devorar sus hojas, le causan dolor y abren paso por donde ese dolor se exhale. Como las demás almas, cuando llegue el día del Juicio Final iremos a recoger nuestros despojos, pero sin que ninguno de nosotros pueda revestirse de ellos. Porque no sería justo volver a tener lo que uno se ha quitado voluntariamente. Los arrastraremos hasta aquí y en este lúgubre bosque estará cada uno de nuestros cuerpos colgados del mismo árbol donde sufre tal tormento su alma.