TRAZADO. capítulo 26.
9/14/09
Estoy tumbado en la cama, hace un rato que le he dicho a Victoria lo impertinente que era, y espero no verla más, o como mucho sólo a la hora de trabajar. No me he quitado el traje, he llegado a casa, y lo único que me he parado a hacer, es pensar.
No sé cuanto tiempo tengo, ni sé exactamente que es lo que tengo que hacer, lo único que tengo es un trozo de servilleta, donde está escrito con pintalabios: "Liberty St. La última casa antes de llegar a la autopista, del color del mar."
Me tiré toda la noche sin dormir prácticamente, pensando en qué podría hacer para que vuelva, y cuando estuve en la oficina esperando a mi turno para repartir el correo, llegó la idea. Devin y Mathew estaban al otro lado de la habitación, y no pensaban en saludarme si quiera, pero tampoco me extraña:
-¿Sabes Devin? El otro día salí de casa con mi padre, está hecho un abuelo ya, y además casi no estoy con él, pero total, era domingo y no tenía nada que hacer, así que le acompañé a un lugar al que quería ir.
-No te enrolles tronco.
-¡Vale! relax tio, total, que me llevó a un lugar en el que llevabas una canción y con ella y por algo de pasta, te hacían una de estas máquinas chiquititas que le das cuerda, y con láminas de metal y una bobina, van haciendo sonidos, y componen la canción.
-¡jajaja! ¿Enserio tio?, joder quién se puede ganar la vida así.
-Ya ves, yo pensé lo mismo.
Dieron un trago a su cerveza y siguieron hablando. Yo ya lo tenía claro, trabajando en una compañía de correos era lo mejor, aunque bueno, Dakota me dijo que nunca entrara en su casa, pero no pensaba hacerlo. Sólo quería regalarle cada día el sonido de una canción de piano, igual que cuando antes de acostarnos yo jugaba en su piel a tocar las teclas mientras tarareaba una canción, y ella se dormía.
Al terminar el trabajo cogí algunos discos con música que siempre he querido enseñar a Dakota, y después de encontrar el negocio del que hablaba Mathew, fui allí. El lugar se llamaba "It dawns for all" (Amanece para todos). Era un pequeño taller con poca luz, en el que había un hombre con un destornillador fino, sentado al lado de una lámpara de tres bombillas, y con unas gafas de cristal gordo.
-¿Le puedo ayudar?
-Eh... supongo, verá, quería una, o bueno, unas cajas musicales.
-¿Para qué las quieres?
-Bueno, quiero,... quiero evitar un final.
-Los únicos finales que no se pueden evitar son los que acaban bien, por eso no se les considera finales. Pero dime, ¿cómo sé que merece la pena que te ayude?
-Noto que este miedo no me abandona, y este miedo duele más, y que la memoria me roba todas mis noches.
-Como una noche de Enero en Helsinki. Cuantas cajas musicales quieres.
-Por el momento tres.
-Déja aquí la música y ven mañana por la mañana, a primera hora.
-Gracias señor.
Mañana quiero volver a nadar en las aguas que me dibujas.
chii, ese grupo es arte.