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—Las farolas ya estaban encendidas, pues las calles estaban a oscuras. No me había dado cuenta de lo tarde que era —prosiguió un un susurro apenas audible—. También hacía mucho, mucho frío a pesar de ser finales de abril. Faltaba una semana para la ceremonia y me preocupaba el tiempo mientras volvía apresuradamente a casa... Me acuerdo con toda claridad. Recuerdo cada uno de los detalles de esa noche. Me aferré a ellos... al principio, para no pensar en nada más. Y ahora también, para tener algo a lo que agarrarme cuando tantos recuerdos agradables han desaparecido por completo... —suspiró y retomó el hilo en susurros—. Si, me preocupaba la meteorología porque no quería celebrar la ceremonia bajo techo.
»Los oí cuando me hallaba a pocas calles de mi casa. Se trataba de un grupo de hombres situados debajo de una farola rota que soltaban fuertes risotadas. Estaban ebrios. Me asaltó el deseo de llamar a mi padre para que me acompañara a casa, pero me pareció una tontería al encontrarme tan cerca. Entonces, él gritó mi nombre.
»—¡Rose! —dijo.
»Los demás echaron a reír como idiotas.
»No me había dado cuenta de que los borrachos iban tan bien vestidos. Eran Royce y varios de sus amigos, hijos de otros adinerados.
»—¡Aquí está mi Rose! —gritó mi prometido al tiempo que se carcajeaba con los demás, y parecía igual de necio—. Llegas tarde. Estamos helados, nos has tenido esperándote demasiado tiempo.
«Nunca antes le había visto borracho. Había bebido de vez en cuando en los brin
«Nunca antes le había visto borracho. Había bebido de vez en cuando en los brindis de las fiestas. Me había comentado que no le gustaba el champán. No había comprendido que prefería las bebidas mucho más fuertes.
«Tenía un nuevo amigo, el amigo de un amigo, un tipo llegado desde Atlanta.
»—¿Qué te dije, John? —se pavoneó al tiempo que me aferraba por el brazo y me acercaba a ellos—. ¿No es más adorable que todas tus beldades de Georgia?
»El tal John era un hombre moreno de cabellos negros. Me estudió con la mirada como si yo fuera un caballo que fuera a comprar.
»—Resulta difícil decirlo —contestó arrastrando las palabras—. Está totalmente tapada.
»Se rieron, y Royce con ellos.
»De pronto, Royce me tomó de los hombros y rasgó la chaqueta, que era un regalo suyo, haciendo saltar los botones de latón. Se desparramaron todos sobre la acera.
»—¡Muéstrale tu aspecto, Rose!
»Se desternilló otra vez y me quitó el sombrero de la cabeza. Los alfileres estaban sujetos a mi cabello desde las raíces, por lo que grité de dolor, un sonido que pareció del agrado de todos.
—No voy a obligarte a escuchar el resto —continuó bajito—. Quedé tirada en la calle y se marcharon dando tumbos entre carcajadas. Me dieron por muerta. Bromeaban con Royce, diciéndole que iba a tener que encontrar otra novia. Él se rió y contestó que antes debía aprender a ser paciente.
«Aguardé la muerte en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendió que me importunara el frío de la noche. Comenzó a nevar y
«Aguardé la muerte en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendió que me importunara el frío de la noche. Comenzó a nevar y me pregunté por qué no me moría. Aguardaba este hecho con impaciencia, para así acabar con el dolor, pero tardaba demasiado...
—¿Sabes? Mi expediente está casi tan limpio como el de Carlisle —me dijo—. Es mejor que el de Esme y mil veces superior al de Edward. Nunca he probado la sangre humana —anunció con orgullo.
Comprendió la perplejidad de mi expresión cuando le pregunte por qué su expediente estaba «casi tan» limpio.
—Maté a cinco hombres —admitió, complacida de sí misma— si es que merecen tal nombre, pero tuve buen cuidado de no derramar su sangre, sabedora de que no sería capaz de resistirlo. No quería nada de ellos dentro mí, ya ves.
«Reservé a Royce para el final. Esperaba que se hubiera enterado de las muertes de sus amigos y comprendiera lo que se le avecinaba. Confiaba en que el miedo empeorara su muerte. Me parece que dio resultado. Cuando le capturé, se escondía dentro de una habitación sin ventanas, detrás de una puerta tan gruesa como una cámara acorazada, custodiada en el exterior por un par de hombres armados. ¡Uy...! Fueron siete homicidios... —se corrigió a sí misma—. Me había olvidado de los guardias. Sólo necesité un segundo para deshacerme de ellos.
»Fue demasiado teatral y lo cierto es que también un poco infantil. Yo lucía un vestido de novia robado para la ocasión. Chilló al verme. Esa noche gritó mucho. Dejarle para el
»Fue demasiado teatral y lo cierto es que también un poco infantil. Yo lucía un vestido de novia robado para la ocasión. Chilló al verme. Esa noche gritó mucho. Dejarle para el final resultó una medida acertada, ya que me facilitó un mayor autocontrol y pude hacer que su muerte fuera más lenta.
Dejó de hablar de repente y clavó sus ojos en mí.
—Lo siento —se disculpó con una nota de disgusto en la voz—. Te he asustado, ¿verdad?
—Estoy bien —le mentí.
—Me he dejado llevar.
—No te preocupes.
—Me sorprende que Edward no te contara nada a este respecto.
[Ficha sacada de crepusculo chile del Team Rosalie]
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»No pasábamos mucho tiempo a solas el uno con el otro. Royce me explicó que tenía muchas responsabilidades en el trabajo y cuando estábamos juntos le complacía ser visto conmigo del brazo, lo cual también me gustaba a mí. Hubo vestidos preciosos y muchas fiestas y bailes, ya que todas las puertas estaban abiertas y todas las alfombras rojas se desenrollaban para recibirte cuando eras un King.
»No fue un noviazgo largo, pues se adelantaron los planes para la más fastuosa de las bodas, que iba a ser todo cuanto yo había querido siempre, lo cual me hacía enormemente dichosa. Ya no me sentía celosa cuando llamaba a Vera. Me imaginaba a mis hijos, unos niños de pelo rubio, jugando por los enormes prados de la finca de los King y la compadecía.
Esa noche yo estaba en el hogar de Vera —susurró Rosalie. Su rostro parecía liso como el mármol, e igual de duro—. El pequeño Henry era realmente adorable, todo sonrisas y hoyuelos... Empezaba a andar por su propia cuenta. Al marcharme, Vera que llevaba al niño en brazos, y su esposo me acompañaron hasta la puerta. El rodeó su cintura con el brazo y la besó en la mejilla cuando pensó que yo no estaba mirando. Eso me molestó. No se parecía al modo en que Royce me besaba, él no se mostraba tan dulce. Descarté ese pensamiento. Royce era mi príncipe y algún día yo sería la reina.
—Las farolas ya estaban encendidas, pues las calles estaban a oscuras. No me había dado cuenta de lo tarde que era —prosiguió un un susurro apenas audible—. También