He llegado a un punto en mi vida en que es urgente que me quieran, me urge sentir la presión de otro cuerpo junto el mío cuando despierto en la noche y no sé hacia qué lado de la cama girarme. Una pierna, un codo, no sé. Soy muy vulnerable y creo que todos lo han sabido, demasiado dócil, demasiado ingenua, demasiado estúpida. He dejado marchar a muchos otros con la satisfacción en sus rostros, aprovechados y encantados, y estoy acostumbrada a perderles aún cuando más alta me sintiera sobre la ola. Es habitual verles alejarse, envueltos en su espectacular aplomo, para no volver jamás. Agorera e intuitiva, creo que todo volverá a repetirse y dudo hasta de mi propia suerte. Le miro y estoy segura que se irá, que se llevará el caudal definitivo ahora que los demás se llevaron la mayor parte. Y me da mucho miedo que se vaya, me da pánico que desaparezca, porque... porque le necesito. Le necesito más de lo que puedo permitirme. Más de lo que él mismo podrá permitirse cuando quiera marcharse. Es por eso que esta misma noche le dirás que me he marchado y que todo, todo era mentira. Le dirás que terminé aburrida de tanta demostración de amor y que nada podrá hacer para encontrarme. Le dirás, óyeme bien, que no puedo quererle porque no sé, que me acostumbré a tomar cuanto quería, y de él, ya tengo suficiente. Dile, amigo mío, que no merece una explicación porque su amor barato no llegó a impresionarme nunca y dile, dile.... dile que me olvide. Dile que fue muy poca su luz para esta polilla, y que nada puede hacer por remediarlo. Anda, ve. Yo me voy a quedar aquí un rato, a oscuras, hasta que acostumbre mis ojos a esta oscuridad y consiga moverme sin tropezar con los muebles; hasta que me haga a vivir sin luz.
http://la_mobile.blogia.com/temas/a-golpe-de-tecla.php