Cuando mis costumbres de mosca frenética
corrían el peligro de hacerse obsoletas,
yo empezaba a hartarme de engullir
la vida sin gustar,
en los subsuelos que frecuentaba
me gritaban
la herrumbre y el salitre de convicciones caducadas.
Muriel pasó volando y me hachó el pescuezo,
y se quedó a rematarme un par de años.
Siempre que creí conducir su carabela
me cosía la frente con miradas serenas,
o me daba, sin querer, cada día un milenio
su presente astillaba mi cerebro óseo
mi corazón dinosaurio
y mi cartílago elemental.
Curioso, mi gato flemático observaba,
a él el querer le era indiferente,
medía con la escala del cosmos
la levedad del mundo que incendiaba
Muriel,
y un día mi gato se murió con su mirada.
Temí por los adornos de mi alma
resbalaron
temí por mis virtudes sedentarias
se reía
lloré por mis destinos cancelados,
que eran tristes,
y me dijo que me amaba.
Crisálida siempre, me sentía
Muriel me cantaba desde arriba
bruja, diosa, te odio, le decía
ella sólo me amaba, a veces menos.
On June 17 2009
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