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"El Destino de Sissi"

Sissi se encuentra en Hungría. Adora este país y siempre realiza carreras de caballos con su amigo, el conde Andrássy. Cierto día, escucha a una gitana pidiendo socorro. Acude presta a ayudarle y descubre que es su marido quien le está pegando. Se interpone entre ambos y le azota al hombre con la fusta. La gitana, enfurecida, arroja a la Reina un cubo de agua. Sissi se da cuenta de que no debe meterse en los asuntos de la gente de esa raza, pues se rige por sus propios códigos. Cuando se marchan, una gitana sale a su paso para leerle la mano. Le augura felicidad y salud. Pero, cuando Sissi, se marcha, la gitana dice para sí "Pobre mujer, no me cambiaría por ella".

Andrássy le dice a la Reina que va a organizar una cena en su palacio para que Su Majestad pueda entrevistarse con el conde Elemer Battiany, que hace años juró no dirigirse jamás al Rey (todo debido a las revoluciones de 1.848). Ambos planean el modo de revocar esa decisión. Al final, la Reina, con su habitual dulzura, se gana el cariño y la admiración de su antiguo enemigo.

Mientras tanto, en Viena, la archiduquesa Sofía se lamenta de que la Emperatriz de Austria pase tanto tiempo en Hungría, desatendiendo sus otras obligaciones. Es por ello que informa a Francisco José de que hay rumores que unen sentimentalmente a Sissi y Andrássy.

Tras la cena en el palacio del conde húngaro, Andrássy charla con Sissi y ésta, de repente, siente un malestar y a punto está de desmayarse. Como rápidamente se le pasa, no se lo toman en serio. Andrássy se declara a su Reina. Sissi le dice que olviden esa conversación, pues no tiene caso. A la mañana siguiente, coge a su hija y vuelven hacia Viena. En el camino, paran en una posada para tomar un refrigerio y allí se encuentra a su amado esposo, que viajaba en su busca. Ambos pasan unos días felices de relajación antes de volver a la corte. Pero cierto día, recogiendo unas flores, Sissi echa a correr cuesta abajo y vuelve a darle el dolor. Francisco se asusta y deciden volver rápidamente a palacio para que el doctor Seeburger la reconozca.

De este modo se enteran de que Sissi padece una dolencia de pulmón. Necesita un cambio de aires si quiere sobrevivir. Además, deberá evitar toda muestra de cariño con su esposo y su hija si no quiere contagiarles. Su mundo se derrumba. Para poder reponerse decide viajar a una isla alejada de Viena: Madeira, en la costa portuguesa.

Allí recibe la visita de su madre, Ludovica, que desea que su hija mejore rápidamente, por lo que la anima a andar cada día un poco, hacer ejercicio y, en suma, ser feliz. Cuando se cansan de Madeira, ponen rumbo a Grecia: Corfú y Atenas las esperan.

El doctor Seburgeer viaja a Grecia para auscultar a Sissi. Sorprendido, le dice a la Emperatriz que su enfermedad ha remitido. Ya puede volver a su país.

Francisco José recibe la noticia con gran alegría pero sus consejeros y la propia Sofía le dicen que, ya que existen problemas políticos en Italia, pueden aprovechar el viaje de Francisco para recoger a su esposa y convertirlo en una visita de carácter político.

De este modo, Francisco José y Sissi acuden a la Scala de Milán para ver una ópera. Allí ven con horror que toda la nobleza italiana, para despreciar a los Emperadores, han regalado sus entradas a la servidumbre. Todas las butacas están llenas de cocineras, cocheros, mayordomos, etc... Únicamente hay un noble en todo el teatro, que es quien informa a los demás de cómo evoluciona el plan. Cuando los Emperadores entran en el palco principal, en lugar del himno austríaco, la servidumbre empieza a cantar el "Coro de la Libertad" de "Nabuco", de Verdi. En lugar de sentirse avergonzados, Sissi comienza a aplaudir. La servidumbre se mira, confusa. Los Emperadores han conseguido un tanto a su favor. A continuación, hay un besamanos, en el que los empleados son presentados como nobles. La realeza italiana ve, con horror, que los Emperadores han ganado la partida. Cuando quieren acudir al siguiente acto para deshacer el error, se enteran de que Sus Majestades se han marchado de Milán rumbo a Venecia.

Mientras navengan en las góndolas, los venecianos que hay por las orillas del canal y en los edificios, se niegan a saludarles, por lo que el viaje es humillante y silencioso. Pero, al llegar a la plaza de San Marcos, una figurita aparece al fondo: es Sofía, la hijita de Sissi, que corre hacia su madre. Sissi, emocionada tras pasar tanto tiempo sin ver a su hija, corre a abrazarla. La gente comprende que Sissi es una buena mujer y exclama "¡Evviva la mamma!" y toda Venecia explota en vítores por sus soberanos. Una vez más, el cariño y la bondad de Sissi han ganado.

Y aquí termina la trilogía sobre Elisabeth de Wittelsbach (esta película también es llamada "Sissi y su Destino"). Ernst Marischka, tras el inmenso éxito conseguido, quiso seguir haciendo películas sobre el personaje pero Romy Schneider, temiendo encasillarse, se negró. Únicamente aceptó volver a interpretar ese papel (pero con un punto de vista muy diferente del mismo) en "Luis II de Baviera", de Luchino Visconti.




On July 18 2008 294 Views





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