Lo que menos me mola del ajedrez es que el mundo está lleno de gente que ha memorizado aperturas, jugadas y partidas enteras. Un jugador esporádico será sistemáticamente aplastado por un jugador que haya estudiado y memorizado partidas de ajedrez.
Que el nivel de un jugador de ajedrez esté tan determinado por la memorización de jugadas convierte el ajedrez en algo aburrido, incluso anticreativo. Es por ello que en 1996 Bobby Fischer propuso una modalidad del ajedrez que se me antoja mucho más divertida que la tradicional. Se mantiene la fila de peones, pero la disposición de las piezas de las filas más cercanas a los jugadores es aleatoria, con dos únicas restricciones:
- cada alfil va en un color distinto
- el rey va en alguna casilla entre las dos torres
La disposición de las piezas es simétrica entre ambos adversarios. El proceso de adjudicación aleatoria de las piezas puede hacerse fácilmente con un dado de seis caras siguiendo un sencillo algoritmo.
Existen una serie de normas peculiares para realizar el enroque pero, qué cojones, para simplificar el juego uno puede optar por la solución fácil: aquí no se enroca y punto.
Hoy he desempolvado el tablero de ajedrez y las piezas Staunton del nº 6 que tenemos por casa y he retado a mi padre a un Fischer random chess. Le ha hecho gracia el asunto. Nos han caído los caballos pegaícos, la reina en una esquina y los alfiles también pegaícos. Muy raro y muy divertido. Incluso he ganado a mi señor padre.
Probadlo, que mola.
http://en.wikipedia.org/wiki/Chess960
Pues me parece buena idea, oiga. Es cierto; a mí el ajedrez tradicional me aburre y frustra por igual.