12/30/09
Y entonces le dije, y ella me dijo. Grimson Falstaffsson, atenazado por los nervios, no podía lanzar el tiro libre. Miraba a los lados y veía a sus compañeros de clase, tan asustados como él. Falstaffsson botaba la pelota contra el frío suelo del patio del Instituto, y se hacía cruces de que la pelota entrara. Faltaban dos segundos para terminar el partido y si anotaba el primero, empataba. Con el segundo ganaban. El partido había sido durísimo. Los del instituto Princesa Federica, eran altísimos, muy fuertes, pero ellos eran más listos. Falstaffson intentó pensar en otra cosa, para distraerse, para calmarse. Y pensando pensando, se quedó dormido.
Estábamos todos en el bar, Rafols, Fenollosa, Puigmartí, y Guimerà, y empezamos a hablar de lo de siempre. Que si esto, que si lo otro, y que porqué no viajábamos alguna vez a Cataluña a ver de qué iba todo esto que nos unía.
Viajando en la barcaza, camino de Normandía, a Simonsson se le ocurrió que podíamos abalanzarnos unos sobre otros, y pegarnos y hacernos daño, sólo por probar, que era algo que nunca habíamos hecho y que a lo mejor estaba bien. Yo no quise decir nada, pero me pareció una idea genial, porque es super divertido y además nos serviría de entrenamiento para cuando bajásemos a tierra y tuviéramos que meternos en faena. Pero luego a Simonsson se le ocurrió otra idea, y luego otra, y luego otra, y como siempre, terminó dándonos el viaje.
El profesor Jeremías Kamman se dirigió al atril a presentar su tesis en la que demostraba que Martin Heidegger había sido un gran luchador por las libertades enmascarado en su papel de colaboracionista tácito, cuando cogió mal un escalón y cayó sin poder poner las manos. Una nata de campeonato, pero con consecuencias positivas, porque durante su convalecencia, el profesor Jeremías Kamman se aficionó a la liga mundial de Rugby. Si, esa que juegan siempre lloviendo.
Cuando empecé a escribir crónicas deportivas, el Göteborg era un equipo puntero. Tenía jugadores, que o venían de triunfar en equipos holandeses, belgas o alemanes o bien jovenzuelos que luego triunfarían en esos mismos equipos. Alguno de ellos pasaría incluso a Italia, emulando a aquellos vikingos que bla bla bla. El caso es que un día, haciendo la crónica del Göteborg-Malmö, me di cuenta de que me estaba quedando ciego de un ojo. Que veía poco. Y me estaba empezando a preocupar cuando resultó que el compañero de otro diario me estaba tapando el ojo con la mano. Qué susto me dio. Luego ya me espabilé.
En su tercer año como semiprofesional, el corredor de Trineos, Hakan Siegfried, declaró en una entrevista al diario local 'Voz de lo Boreal', que se encontraba preparado para dar el salto a las grandes carreras y que estaba a punto de lograr el sueño de su vida. Hakan Siegfried, presentaba además en la entrevista a su futura esposa, Katrina Von Herenven. El entrevistador le siguió la corriente, pero allí no había chica ni nada. La entrevista salió publicada y todo, y la verdad, tampoco se dio cuenta nadie de nada.
Durante mucho tiempo, el testamento de Gregorious III el Hinchado, permaneció escondido. Pero era evidente que todo lo suyo le pertenecía por derecho a su hijo Gregorius IV el Evidente. Evidentemente.
Reunidos alrededor de una hoguera los habitantes del pueblo decidieron que iban a ir todos a la casa de Anton Mühle. No eran tantos, porque el pueblo entonces solo tenía cuatro casas, pero hacían mucho ruido. Vamos, que eran pocos pero animosos. Y el buen de Anton tuvo que aceptar lo inevitable, y aguantó como una persona responsable poniendo buena cara y todo. Pero en cuanto se acabó la fiesta, Anton se fue del pueblo. Los habitantes que se quedaron, se reunieron, y decidieron seguirle. Y volvieron a empezar.
Mi abuela Lisa María la Pomerana, me dijo un día que visto como estaba todo, que lo mejor que podía hacer es meterme en un convento. Yo, me quedé un poco parado, al principio, pero luego lo entendí todo. Y es que mi abuela la Pomerana, utilizaba una acepción desfasada de la palabra convento. En concreto la cuarta, según reza en el diccionario de la Real Academia Española. Lo que me extraña a mí es que mi abuela supiera tanto castellano, siendo ella la Pomerana.
Me voy de tema, aprovechando la ocasion para desearte gran prosperidad y felicidad para el '10.
De paso, agradecerte por el apoyo INCONDICIONAL brindado a lo largo de esta temporada pasada.