al dibujador había encontrado un bar genial cerca de su casa.
el silver future tenía una colección de disfraces y zapatos de tacón para el uso de los clientes en el pasillo que daba el baño. también (quizás este fuera su ventaja más decisiva) cervezas de medio litro a uno cincuenta.
el caso es que arrastró a sus amigos westies a su barrio, para llevarles al silver future, y mientras estaba en el baño, se dio cuenta de que alguien había colgado una pequeña bolsita roja en forma de corazón. intrigado, palpó varios bultitos pequeños dentro. abrió la bolsa (abrió el corazón) con curiosidad, y vio lo que había dentro.
eran tampones. unos cuantos tampones para uso de las clientas.
al dibujador le pareció un gesto supersimpático. y es que por estas latitudes (también en holanda), es verdad que a veces los bares tienen esa sensación de segundos hogares, que muchas veces se nos olvida en españa.
con esos pequeños gestos, los bares se convierten en extensiones de lo doméstico, heterotopias de pleno derecho, bares en los que estar como en casa pero sin estarlo, en los que se te pasa por la cabeza, en algún momento de la noche, quedarte a vivir.
silver future, weserstr 206
U: hermannplatz
http://silverfuture.net/
y atención a las intervenciones sobre las ilustraciones de los libros del siver future, yo estuve a punto de robarlo de lo que me gustó