No Olvidar, Siempre Resistir.
12/30/08
“Los argentinos marchamos detrás de los acontecimientos”, comentaba en su programa radial hace unos años Miguel Grinberg. Es una constante.
Las cosas nos pasan y a partir de sus efectos se comienza
a pensar en cómo resolver las aberraciones que frecuentemente
provocan. No voy a enumerar nuestras últimas desgracias. Sólo quiero poner el acento en el rock como protagonista. Yo soy rockero, amo el rock y lo vi desenvolverse en este país desde mi infancia, con Sandro y los de Fuego, con los Red Caps y otros pioneros. Hoy ha crecido tan desmesuradamente que se convirtió en un vehículo de la muerte. ¿Cómo llegamos a esto? Yo te lo digo: merced al accionar de agentes exteriores al rock que, desde el principio, quisieron apoderarse vorazmente del negocio que representa. Obviamente con la complicidad de los músicos seducidos por la fama y el dinero, el rock cada vez se cuantifica más en perjuicio de su calidad. Hace muchos años que, como en otras actividades masivas, sólo importa “cuánta gente mete” el grupo y no “cuál es su aporte musical”.
Pero aquí no se trata de evaluar el evidente retroceso cualitativo del rock nacional sino los efectos devastadores que producen esas aves negras que vuelan permanentemente alrededor de los grupos más convocantes para extraerles el dividendo que los autoriza a autoproclamar su condición de “empresarios” (?) o “productores” (!). Esta raza de víboras no sólo redujo el floreciente movimiento rock nacional a un cúmulo inexportable de fabricantes de pogo y repetidores de rituales futboleros sino que ha violado las reglas de convivencia más elementales, produciendo reiteradas veces muertes y daños físicos con la plena complicidad del poder, sea policial, municipal o político seudocultural. Y entonces llegan los lamentos. Lloramos los muertos. El trato incomprensible que padres prematuros dan a sus hijos con la complicidad de la hipócrita moral antiabortista. El guiño criminal de los inspectores corruptos. La estúpida palabrería política que trata de explicar lo inexplicable, sancionando a los músicos al bloquearles las ínfimas fuentes de trabajo que les quedan. Toda una masa de vomitivos resultados que marchan “detrás de los acontecimientos”.Y la lógica búsqueda de un culpable. Todos apuntan a uno o dos criminales expuestos, aunque la responsabilidad se ramifique por toda una telaraña que llega al Presidente, en el centro del tejido social, tratando de realizar movimientos inhibidos por las ataduras de sus pactos y alianzas con la “vieja política”. El panorama es desalentador, pero no inmodificable. La toma de conciencia es impostergable.
Y el rockero joven, calificado al principio de su formación como
entre los mejores del planeta, no debe ceder a las presiones de la
fácil llegada al podio de la fama, donde entre nariguetazos y
cervezas de marca que destruyen su talento en pocos meses para
ponerlo al servicio de los dueños de boliches, generalmente oriundos de otro palo que mira de afuera el rock como una maquinita de imprimir billetes. Los mejores grupos de rock se pasaron décadas tocando en clubes minoritarios con el fin de pulir su herramienta al máximo para que, el día en que la ley del esfuerzo los pusiera en un alto nivel de rendimiento, se produjese la verdadera magia del arte de masas y no este negocio de fin de semana, con sangre, sudor y fuego. A veces creo que somos víctimas de la voracidad que produce comer tanta carne y nos fagocitamos canibalescamente unos a otros, prescindiendo de los condimentos. El rock es la más maravillosa música que creó el siglo XX, la más convocante, la más combativa.
¿Vamos a dejar que nos cojan desde un escritorio unos tipos con una calculadora hasta hacernos desaparecer?
Miguel Cantilo
holaaaaaaaaa
paso che...
ke andes de mil..
pasate...dale??
te espero...
cuidateeeeee
besotes....
ke tengas un buen fin de año
y un año nuevo mucho mejor.
esta bueno el texto che...