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Ben & Jerry´s

La última semana de mayo no pude verle. Estuve demasiado ocupada mutilándome y escondiéndome como una cobarde bajo las sábanas de mi cama.

Empezó el martes. El viernes, en contra de mi voluntad, tuve que levantarme y moverme -o algo parecido- hasta la cocina, mi cuerpo reclamando comida.

Encontré en el congelador una tarrina enorme de helado de chocolate, y demasiado débil como estaba para ponerme a buscar algo más, la cogí junto con una cuchara.

Estaba a punto de volverme a mi cama, cuando sonó el timbre, estridente y cansino.

Me dolía mucho la cabeza, por lo que barajé la posibilidad de no abrirle la puerta a la casi segura Señora Winslett.

Seguí caminando silenciosa, para no delatarme, cuando sonó otra vez, más insistente aún. Rabiosa como estaba, pegué zancadas hasta que toqué el pomo, tirando de él.

-Señora Winslett, el lunes le dije que no iba a asistir...- mi voz se apagó cuando me miró a los ojos.

Tragué saliva y casi me ahogo. Ahí estaba, tan guapo y risueño como siempre. Fruncí los labios al darme cuenta de que iba perfecto con unos simples vaqueros y camisa, estando yo con una zarrapastrosa camiseta XXL de la universidad y el pelo hecho un almiar.

Lo miré estupefacta, notando como el helado se derretía bajo mi mano con el calor de mi vergüenza.

-¿No vas a asistir?- intentó romper el hielo bromeando.

No lo consiguió. La voz no me salía, por lo que me limité a observarlo con cara de idiota. Él bufó con frustración y se pasó la mano izquierda por el pelo, cosa que hacía siempre que estaba nervioso. Me reí y se escuchó extraño. Puede que porque no lo había hecho en una semana.

Aun así, no dije nada. Solo dejé la puerta abierta, una invitación muda para entrar. Lo entendió y en un minuto estábamos sentados en el sofá, yo comiendo helado y él cavilando en su mente.

-Lo siento, mucho, de verdad.- la disculpa me cayó como una jarra de agua fría. Giré la cabeza tan rápido que casi me descoyunto, pero siguió hablando intentando no reírse de mí. -Te busqué durante toda la semana: en casa de tu madre, de Sam, en el trabajo, en el bar de Thomson, en la floristería, la cafetería de la esquina, la playa... No había pista que me condujese hasta tí. Ni siquiera sé cómo se me ocurrió venir hasta aquí.- me cogió una mano, lo que me impidió seguir comiendo. Entonces estaba a punto de llorar a lágrima tendida. -Te eché mucho de menos, no vuelvas a hacerme esto, por favor. Casi me muero de la preocupación.

No dejé que siguiese con sus tontas disculpas. Me tiré encima y lo besé como hacía meses quería y debía haber hecho.

La tarrina de helado cayó por algún lugar del apartamento y casi quise chocarme contra algo, pensando en que luego tendría que limpiarlo.

Pero solo casi. Estaba demasiado ocupada.
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(L).Cheshire.(Me pregunté cuánto nos afectaría el hecho de que yo no creyese).




On April 07 2010 3 Views




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