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Está claro que, generalmente, no sabemos quién es Dios (en caso de existir). Ni qué hace (en caso de hacer algo, que está directamente relacionado con si existe o no). Ni que quiere, ni como es físicamente, por lo que hizo al hombre a su imagen y semejanza es de ser un Dios poco exigente, que se conforma con lo primero que pilla. Espero que se trate solo de una metáfora, o que el hombre sea, en esencia, bastante más interesante de lo que resulta en apariencia. Pero lejos de saber quién es este ser llamado Dios (lejos, lejísimos), nos hemos inventado varias reglas, supuestamente impuestas por él (porque el ser humano es así de osado). La primera es que existe un cielo y un infierno. Bien, esto como amenaza a los niños para que se porten bien es una barbaridad, pero seguir creyendo que hay distintas clases de seres humanos y que podemos decidir en nombre de Dios que unos merecen unas cosas y otros no, es estúpido e infantil (así lo digo, de buen rollo). La segunda, y todavía mas inquietante que la primera, es que Dios decide quién va al cielo u quién va al infierno. Y la conclusión de esta invención es que los que van al cielo son las personas que mas han sufrido en la vida. ¿Por qué? ¿Por qué el sufrimiento consigue recompensa? Así estamos, que en las reuniones siempre hay dos o tres personas que se pican para demostrar lo mal que lo han pasado, como si por eso merecieran mas respeto que el resto: "Yo empecé a trabajar a los 15 años". "Pues yo empecé a los 12". "Y yo a los cinco descargando camiones de fruta." Es de locos. ¿Pero qué clase de Dios querría para sus hijos el mayor sufrimiento posible? La idea de que a mayor sufrimiento más posibilidades tiene uno de llegar al paraíso me parece perversa. ¿Qué pasa? ¿No podemos entrar todos ahí arriba? Si realmente existen problemas de espacio en el paraíso, que se consiga más. No digo que Dios tenga que convertirse en El Pocero (aunque apuesto a que El Pocero sí ha creído en la posibilidad inversa). Pero, si los que tienen prioridad para entrar son los sufridores, cada vez habrá más sufridores en vida y eso convertirá en mundo en un sitio todavia mas macabro. Hay quien vive las desgracias como una oportunidad de cambio, de aprendizaje, de superación, y hay quien se instala en ellas y se sienta a esperar que se le lleve la muerte para irse de una vez por todas a su anhelado paraíso, llamado cielo. Esto es solo suponer, pero ¿y si estuvieran equivocados? ¿Y si los terrenos en el cielo estuvieran reservados para los que menos sufren? No digo para aquellos a los que no le suceden desgracias , sino los que consiguen no enfangarse en la resignación, la autocompasión y el sufrimiento, y tomarlo como estilo de vida. Eso sí que sería una desgracia para los desgraciados. Toda la vida sufriendo a conciencia para luego llegar al cielo y no encontrar plaza. Yo no sé que pasa una vez muerto (¿os imaginais que sí lo sé?), pero desde luego no vale la pena arriesgarse. Aunque solo sea por si acaso, deberíamos vivir alegremente cada minuto como si fuera el último, porque ¿y si lo es? Ahí queda eso. (Estoy de un metafísico últimamente...)
NADIE ES PERFECTO
Por Bárbara Alpuente
Yo Dona,
EL MUNDO
5 de julio de 2008.
Nº 166
{E.T.'s}
marinetaa_7 said on 7/18/08 10:40 AM …
ESTA ES PERFECTA.
:D
jkd_puche2010 said on 7/18/08 12:17 PM …
tas loca! lo se!:p jajjavagi b guapa petonets!!
dulinastres said on 7/18/08 10:31 AM …
marinetaa_7 dijo en 18/07/08 9:54 …
PUES LA TUYA DA ASCO,VALE?
JAJAJAJJJAJA
EN FIESTA MAYOR..
PERO BUENO EN ESTAS FIESTAS SE PERDONA TODO..
JAJAAJAJA
NOS VEMOS REINA!
Y SI,TODO BIEN. :)