Wash-Machine
9/22/08
Era martes, y como todos los martes sobre aquella misma hora, estaba sentado en la lavandería más cercana a su casa (en la avenida 15ª con la avenida M, en el corazón de Brooklyn) mirando hipnóticamente la ropa que giraba dentro de aquellas inmensas lavadoras.
La espera era tediosa. Había gente que leía, gente que deambulaba por la ruidosa sala tarareando la música que escuchaba en su iPod de última generación, gente que hablaba de sus gatos / perros / cobayas de vaya-usted-a-saber qué país, gente que hacía crucigramas… y luego estaba él. Culo de mal asiento, siempre inquieto, siempre absorto en sus pensamientos mientras la ropa giraba y giraba y giraba monótonamente
Pero aquél día se hartó. Un impulso dentro suyo le hizo levantarse y salir a la calle, a respirar un aire un poco menos viciado que el de la lavandería. Caminó una decena de metros y descubrió una coqueta tienda de ropa y miró el escaparate.
De entre todos los maniquíes, al fondo, medio escondido, vio uno que estaba vestido de una forma especial. Realmente no sabía porqué se había fijado en aquella ropa concretamente, pero era algo que le llamó soberanamente la atención.
Siguiendo el mismo impulso que le hizo escapar de la lavandería, entró y se probó la ropa, y descubrió que le sentaba como un guante, que era una de esas cosas que uno ha buscado durante mucho tiempo, sin saber que lo estaba buscando. En ese preciso instante, se dio cuenta de que no quería salir de la lavandería, si no que quería dejar atrás su vida gris, con su ropa llena de recuerdos que no le aportaban nada.
Se acercó al mostrador y, sin preguntar cuánto costaba, sacó la tarjeta y pagó. Hay cosas que tienen mucho más valor que precio. Decidió dejar su ropa vieja, sucia y gastada dando vueltas en la lavandería. Alguien la recogería y se la quedaría… o quizás no. Ya no le importaba. Lo único que tenía claro es que había dejado atrás aquellos harapientos recuerdos, porque sabía que a partir de ese día su vida iba a ser más feliz.
Al salir de la tienda estaba radiante, era justo lo que más encajaba con él, y él lo sabía. Se sentía cómodo, porque tenía el convencimiento de que iba a disfrutar mucho, y durante muchísimo tiempo, de aquella chaqueta cosida con gotas de lluvia en las que se quedaba encerrado cada rayo de sol.
Sonrió, inspiró profunda y relajadamente, y se perdió entre la multitud exhalando felicidad
Te kieres olvidar de nosotros!!!???
bUUAAAA!!