11/11/09
La última vez que volteé mi cabeza para mirarlo, él ya estaba dando vuelta la esquina. Sus ojos se habían ido ofendidos y brillosos, sus brazos agitados merodeaban como queriendo alejar el aire con el que todavía seguía viviendo. Una parte de el había muerto esa tarde, un corazón, una historia, millones de recuerdos tomaban protagonismo superponiendose unos con otros. todas las inquietudes y dudas se interponían pidiendole más que nunca una explicación en ese mismo momento.
Se sentó en un banco de plaza, bajo un eucaliptus que le dió tranquilidad, paz y armonía.
Suspiró, dejó caer su cabeza, y solo atinó a desearme cosas lindas con aquel muchacho del cual, minutos antes, yo le había hablado.