... Se inclinó y besó muy tiernamente la maldita postilla. Luego yo le eché mano debajo de la falda y nos enredamos otra vez. Necesité unos cuarenta y cinco minutos. Allí estábamos, en medio de aquella habitación de pie, debatiéndonos entre pobreza y cristal roto. No habría riña aquella noche, no habría putas ni vagabundos en ninguna parte. El amor se había impuesto. Y el limpio linóleo mezclaba nuestras sombras.
Bukowski,
Escritos de un viejo indecentehttp://www.youtube.com/watch?v=PJpDeKV_OuIResaquilla emocional...