Apareció al mismo tiempo que una voz le espetaba "¡abajo el telón!", una voz de las que acunan monstruos terribles, de las que se agazapan entre las sombras antes del instante silencioso que precede a una derrota épica. Fue entonces cuando contempló por vez primera que sus recuerdos se desvanecían en cajas, de forma impertinentemente amable y se difuminaban al darse de bruces con el horizonte, esa línea que distingue a los audaces de los cobardes. El efecto de irrealidad era completo, rendirse a la realidad un hecho. Ya no era una cuestión de vencedores y vencidos, si no de contar las bajas, los prisioneros y los desaparecidos en combate. Se sintió desmesuradamente ridículo con sus aires decimonónicos, el uniforme y el mostacho de morsa. Y fue entonces, al comienzo de el primer acto cuando desapareció, dejando atrás las palabras que nunca fueron escritas.
http://www.youtube.com/watch?v=kN8_B5SBMiM
bien hallado! tiempo, cuánto!