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GABRIEL GARCIA MARQUEZ

La revolución cubana y Fidel Castro, de por sí, constituyen suficiente tema para un apasionado debate o análisis pormenorizado. Pero cuando a éste se suma Gabriel García Márquez, alcanza temperaturas superiores, máxime cuando no sólo se abordan cuestiones de poder y literatura, sino también de ideología y valores. El asunto se torna interesante y peliagudo, por el interés de profundizar en la urdimbre de razones y motivaciones que hacen posibles singulares relaciones humanas y políticas.

Por lo general, cuando se aborda el tema cubano, se reacciona conforme a posturas ideológicas determinadas. Pero no cabe duda, que con independencia de sus manifestaciones, los proclamados principios de unos y otros, imponen fidelidades solidarias y hasta comportamientos fanáticos.

En el libro Gabo y Fidel. El paisaje de una amistad, del español Ángel Esteban-Porras del Campo (Zaragoza, 1963) y de la belga Stephanie Panichelli Teyssen (Bruselas, 1978), editado por Espasa Calpa, S. A. (2004), el objeto primordial es las implicaciones políticas de la amistad incondicional (¿alianza estratégica?) del premio Nobel de Literatura 1982 y el líder sempiterno de la Revolución cubana que un día dijera: “la historia me absolverá”. Del estudio y seguimiento de esta relación afectiva en particular, se desentrañan realidades, conveniencias y compromisos entre poder y literatura, brindando elementos sustanciales que enriquecen y reavivan el debate del tema en cuestión.

En 341 páginas, sus autores, a través de un proceso exhaustivo de investigación, analizan y nos muestran aspectos importantes de la relación política y amistosa entre los dos más connotados y carismáticos personajes de América Latina, donde intereses político-ideológicos se mancomunan con los literarios en el contexto del poder.

Por un lado, Gabo que a través de sus novelas ha descrito con maestría a personalidades de generales y caudillos, fascinado por sus mundos y artificios. Y por otro, Fidel, líder y estadista experimentado con 45 años en absoluto ejercicio, acostumbrado a lidiar con estrategias y a hacer uso de cuantos instrumentos y recursos sean posibles para defender su revolución y socialismo.

Según Ángel Esteban y Stephanie, Fidel encontró en Gabo un álter ego, “una persona en la que le gustaría reencarnarse”; y Gabo, encontró en el cubano “el ámbito donde desarrollar su instinto político y remansar su obsesión”.

De una u otra forma, parte de los secretos en la relación de Fidel y el Che, pasa también por la presencia militar de Cuba en Angola, de cuyo conflicto, según se refiere en el libro, Guevara tuvo una apreciación distinta a la de Castro (Operación Carlota)

Luego, con base a sus investigaciones, se nos presentan los incidentes que llevaron al general de división y héroe de la Revolución Arnaldo Ochoa Sánchez y el coronel (agente secreto) Antonio de la Guardia Font al fusilamiento por narcotráfico, hecho del que se afirma tenían conocimiento las altas autoridades cubanas (Caso Ochoa)

Y por supuesto, el niño Elián. Se discurre en cómo aquella tragedia de balseros, se convirtió en un conflicto diplomático, cuyos protagonistas fueron la comunidad cubana en Miami y los Gobiernos de Clinton y Castro.

En éstos, y muchos otros casos, ha intervenido el Nobel García Márquez, dando fe de su alianza y amistad con Cuba y Fidel, escribiendo y brindando declaraciones acerca de las razones de la Revolución, abundando en explicaciones o interpretaciones favorables al régimen, así como elogios al líder amigo, haciendo alarde de su arte narrativo y prestigio internacional, mismo que ha utilizado para sus gestiones diplomáticas.

En cada caso ha quedado claro su compromiso con Castro —a quien no acusa de dictador, aunque sucintamente ha dejado entrever sus particulares características de caudillo latinoamericano — a pesar de las contradicciones internas, de la crítica internacional en materia de derechos humanos y el cuestionamiento de sus colegas. Para Gabo todo tiene su origen y deriva del bloqueo que el Gobierno de Estados Unidos impone a Cuba.

El hecho más reciente abordado por los autores del libro, es el fusilamiento en el 2003 de tres disidentes al régimen de Fidel, que generó el total distanciamiento del escritor José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, haciéndolo público en su artículo Hasta aquí he llegado: “Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino; yo me quedo”. Y por supuesto, García Márquez, una vez más, demostró su compromiso e incondicionalidad al líder de la revolución cubana.

De la obra extraigo dos ejes importantes para el debate: 1. La postura de un intelectual que se proclama defensor de la Revolución cubana y de un proyecto socialista para América Latina, frente a la política pro derechos humanos y libertades políticas promovidas en el mundo. García Márquez siempre ha demostrado su incondicional adhesión al proyecto de Fidel pese a grandes cuestionamientos y denuncias; 2. El concepto de amistad — “Soy de los




On October 13 2008 64 Views




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