El parque donde no quiero estar
6/20/09
El banco al otro lado de la calle, que se ve más allá de la ventisca de soledad que rodea el marco de ese momento.
Solitario, por siempre, frio, por cada instante, vacio, por cada segundo. Únicamente ronda ese silencio que es capaz de escucharse, que es imposible ignorar, que atormenta cruelmente a quien busca la paz.
Y las hojas caen, unas tras otras, sepultando el banco marginado, aquella mesa al lado del árbol, donde en tiempos anteriores familias compartían y reían.
Ese lago donde tiraban comida a los patos en la primavera, donde se bañaban los jóvenes con la ilusión del momento, en una perfecta felicidad, ya muy perdida por culpa de la tristeza, ese mismo lago que ahora permanece congelado, no tanto por el frio del clima, como del frio de los corazones que olvidaron esa felicidad.
Y en ese parque que ya no emite colores, quedaron mis lagrimas, allí las perdí. Allí debí dejarlas, y allí deben seguir, únicamente por que no podía cargar con ellas.
En la lluvia desaparecieron, pero igual, sigue allí mi dolor, mi pena, buscando ilusiones donde ya no quedan sueño, intentando salir del infierno con fuego, tirándole sal a las heridas para calmar el dolor.
Se vuelve real, se vuelve palpable, este corazón dentro de mi pecho ansia destruir mi cuerpo, salir y ser libre, pero la música se lo impide, invitándolo a bailar un último vals, pero ¿Cómo poder hacerlo? Si hasta ahora, cada pieza me ha salido más cara que otra.
Y e allí, donde encontrar ese camino, para salir de este parque. Para nunca más volver a escuchar la alarma del reloj en la mañana, y despertar de aquel hermoso sueño donde esta todo lo que no conozco aun y amo irremediablemente.