Que el castigo comience
11/10/09
Despierto en el horizonte del abismo que matiza todas las cosas de un rojo sanguinario.
Las flores bailan una danza prohibida y emiten un aroma de muerte exquisito.
Veo con horror mis manos que están recién bañadas del pecado, veo mis propios ojos como el prisionero de esa alma que se ha vendido. Estoy frente al culpable de mi propia muerte, observando detenidamente mi corazón.
Un amor que me ah llevado a los rincones más oscuros de mi propio ser, permitiendo descubrir nuevas formas en que el dolor puede vivir gracias a la desesperanza que despeja al corazón de su vida.
Somos 2 estrellas fugaces que buscamos el exilio de la realidad, pues nunca encontraremos la aceptación de lo posible.
Aceptemos el fin, porque estamos fuera del alcance de la luz. Redimámonos para destruir por completo al demonio que vivió a causa nuestra.
¡Ayúdame!, despierta en mí al legendario espíritu que se creó para detener la tormenta, para subir a la cima y desde allí caer al pozo de la eterna condena junto al traidor de mis propias esperanzas.
Suprime mis mil infiernos, destruye las cadenas que cree, las que me atan, las espinas que me hacen sangrar y disfrutar de esa corriente corrupta. Permíteme limpiar mis ojos, bautízalos bajo un nuevo espíritu que pueda volver a encontrar la luz. Siento repudio por que ver en que me convertí, por ver que tanto mal pude hacer, por mantener un corazón a costa de la corrupción.
De los cadáveres brotan mariposas doradas que se posan sobre los relojes que me persiguen. Cada segundo marca una aguja más que entra a mi corazón. Termina este martirio, destruye mi alma y en ella el dolor.
Castigo, se que merezco el peor de los peores. Que comience ya la eternidad oscura, pues mi alma siente un arrepentimiento tan grande que solo encuentra lugar viviendo en su merecido castigo, ese que temen incluso los mismos dioses, así que comience.