El verano no se marchó en las olas, ni en las despedidas, ni en los últimos restos de arena que desaparecieron dando vueltas, entre agua y jabón, de la mochila. No se fue el primer día de trabajo, ni el vientidós de septiembre a las 22:19, ni siquiera con el último cohete que, estruendoso, dejaba tras de sí un silencio delatador en la última noche de la verbena, me da igual que de aquí o de allí. El verano en 2009 se ha ido en la última página de "La ciudad de los prodigios", mi absorvente amante de ausencias que me ha arrancado para sí los escasísimos minutos libres que he tenido a diario desde que me halló una bochornosa tarde de agosto en San Javier hasta hoy mismo, cuando Barcelona ha dejado de ser ya el escenario de nuestros encuentros. Es el cuarto libro seguido de Eduardo Mendoza y hemos decidido darnos un tiempo. Reconozco que, cuando he viajado, le he sido infiel con Boris Vian, pero nunca he sido ni de varias mujeres ni de un solo libro.
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Tú, ¿quién eres? :D