Esta historia va sobre juncos y arbustos. Todo un inmenso bosque de juncos y arbustos.
Cada uno tiene su forma, su metodología, sus “expectativas vegetales”, su punto de vista a cerca de la vida en general. Pero ambos comparten el mismo mundo y se alimentan de las mismas materias primas.
Por un lado están los juncos, que crecen y crecen, su pasión es ser altos, muy altos, ir ganando centímetros, seguir su línea recta con orgullo, su dirección, y nunca doblarse, eso sería una deshonra para ellos. Les encanta hacer lo suyo y es lo que les hace felices.
Por otro lado está los arbustos, que en realidad nacen sin saber que son arbustos. Ellos nacen y empiezan a crecer hacia arriba, pensando que son juncos, a expensas de su auténtica naturaleza. Pero llega un momento en sus vidas en el que descubren que no todo va para arriba en ellos, pues también nacen de su tallo ramitas nuevas que van en otras direcciones. Algunos ven estas ramas, se comparan con los juncos y dicen: “¡Dios mío! ¡Que gran descubrimiento! No todo va hacia arriba como creen y quieren los juncos, también existen otras direcciones que explorar, otras formas bellas y distintas.” Alimentan con amor esas ramas, aman muchísimo esa parte de su ser, es lo que les da el poder, el poder creador y de manejarse a si mismos. Así, se hacen frondosos y hermosos arbustos, adquiriendo cada vez nuevas ramas, y alimentándolas con mucho amor, sabiduría y paciencia. No les interesa tanto crecer en altura, pues la altura es un camino recto y sin elección, mientras que con sus ramas sienten expander su creatividad. Se sienten muy felices por ello, porque descumbren en la felicidad dimensiones nuevas que no habrían imaginado en un principio, cuando creían qu su único camino era el de augmentar su tamaño longitudinal cual juncos.
Éstos, no obstante, deben tener mucho más cuidado. Sus ramas, son difíciles de manejar, dado que hay que poner especial atención en nutrirlas y controlarlas. A veces se enredan entre ellas, sufren roturas, pierden sus hojas, enferman, o tienen otra serie de contratiempos… son un arma de doble filo, pueden ser tanto ángeles como demonios. Si se utilizan bien pueden crear bellísimas cosas, pero si no, pueden acabar haciendo mucho daño…
Por eso dentro del colectivo de los arbustos hay muchos más problemas, es un vegetal más conflictivo. Aalgunos, viéndose rebasados por sus propias ramas, desearían con todas sus fuerzas nunca haber desarrollado ningún brote, y ser largos juncos cuyo camino es unidireccional, sin pérdida alguna. Hay casos, incluso, en que los mismos arbustos han renegado de su propia especie, pues al ver nacer nuevos brotes de ilusión en sus tallos, los han odiado y abandonado, dado que el hecho de gastar energía en el crecimiento de las ramas resta para el crecimiento en altura, y les parece que el cultivo de las ramas es “una pérdida de tiempo, y solo trae problemas”. El error que comenten es que ese camino tampoco es el correcto para ellos, pues son arbustos, no juncos, el hecho de engañarse a si mismos solo les lleva al dolor. Al no querer nutrir y crear con sus ramas produce que éstas se sequen y enfermen todo su ser.
Por eso el camino de la felicidad es aceptar y amar lo que cada uno de ellos es, y nutrir sus características propias, no preocuparse por desear ser lo que no es, o por criticar al otro por ser diferente:
“¡Mira esos arbustos! tan inferiores, nunca llegarán alto, porque siempre se andan por las ramas, sin dirección ni objetivos fijos, alimentando cosas que no llevan a ningún sitio, solo a liar y liar más…”
“¡Mira esos juncos! ¡Que desgraciados! no se dan cuenta de la belleza del arte de cultivar la espontaneidad, lo sutil, solo preocupados por seguir creciendo y creciendo para no llegar nunca a ningún sitio. Tan ciegos a las posibilidades que dan las ramas…”
El bosque está lleno de juncos y de arbustos, cada uno es feliz de la manera que le ha tocado serlo. Un junco no puede desear tener esas ramas y nutrirlas, pues los juncos no tienen ramas. Un arbusto no puede cerrar los ojos ante las ramas que ya brotan, pues, si no las nutre, éstas harán mella en su salud integral y se convertirán en enfermizos psuedo-vegetales infelices.
Ninguna rama que brota es banal, ni obscena, ni inmoral, ni “tonterías sin sentido”… Todas son bellas construcciones en potencia.
¡Las ramas son para andarse por ellas!
Un saludo a todos aquellos que vean sus ramas brotas y estén en el infinito dilema de cuánto las deben alimentar, y cuanto deben centrarse en el camino unirideccional preestablecido.
...y en el fondo, al fin y al cabo, juncos y arbustos lo mismo son, los dos se alimentan de la tierra, del agua y del sol. Misma cosa dentro de un mundo lleno de distintas plantas! Hay que mirar bien para poder apreciar la belleza que caracteriza a cada uno de ellos.
A ver si kedamos un dia.. Un abrazo grande.
me encanta leer tus textos xk siempre aprendo algo o me acen pensar o los veo interensantes xo con este me as emocionado realmente!
danelillo cuidate muxo!(L)
buena filosofia hermano
lei algunos de tus escritos en
lo ke creo ke es tu blogspot
son muy bueno
i recuerda
los angeles hablan como si fueran los unicos sabios
y aun así existen juncos que lo darian todo por ser arbustos.
paz