[Inerte...]
5/28/09
El cuerpo
inerte
de un olvidado
yaciendo sobre la intermitencia, ahora estática y estéril.
Mientras las viejas a mi alrededor se ventilan con algún estereotipo, yo observo, por simple casualidad de una mirada que se encuentra en el momento justo, en el lugar indicado. Y suspiro. Pero ya no me importa como antes.
Ayer, situación similar. El niño, pobre de seguridad, zafa su patética mano de la aún más patética garra de la supuesta tutora. Corre entonces al alcance de la madre que ya ha cruzado la calle. Es que no pienso, cuando me encuentro homogeneizado, disuelto en el caldo ceremonial, tan sólo soy una ameba más con zapatos y mirada huidiza. Luego recorro el evento y me azoto. El grito mental repite y me muestra todas las maneras posibles en las que habría podido detener al niño que pasó junto a mi camino. Giré mi cráneo de manera pesada, aunque aun instintiva, sólo cuando la tutora aulló desesperadamente.
Pero, dentro del caldo, todos son patéticos y débiles. Por eso ya no me importa. Y acepto también mi debilidad, y falta de reacción.
Pero quiero llegar a casa y olvidar todo eso que me causa tanta furia.
Es decir... no es mi culpa no haber detenido al maldito. Tan sólo estaba en el momento justo, en el lugar indicado.
Nadie te salva, en la jungla, el elefante enfermo supone bastante comida. En la jungla, aquél que no supera el invierno es un error genético. Puedo sonar muy duro a veces. Pero hay niños que no cometen esas torpezas.
Sobreprotección. Ironía; eso significó el comienzo de su inexistencia.
Hace mucho tiempo, suponía que tenía el poder de la justicia. Pero esa postura lleva al cansancio. Y a la bronca.
Bronca por aquellos a los que la vida los golpea con violencia. Bronca porque esas cosas no me han sucedido.
Y esa bronca... se traduce en apatía. Ahí ellos! Qué pena que haya sucedido de esa manera, que pena que la infancia sea erradicada por algún desordenado social. Qué pena... pero no puedo estar en todas. Ni para todos.
A esta altura, sólo deseo dormir. Levantarme y mirar para otro lado.
Y a veces, la mirada casual, se encuentra en el momento justo, en el lugar indicado. Se encuentra con el punto ciego, con el rincón mugriento...
con el cuerpo inerte de algún olvidado.
Probidad, y no la estólida ansia de jugar a ser el héroe.