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Hay que destrozar los mitos personales. Da igual que sean personas vivas o muertas, prejuicios de nuestra educación o limitaciones impuestas por el miedo o el rechazo sentido a lo largo de nuestra vida... Debemos matar a los mitos.
Hace tiempo que vengo anulando sobre todo mitos artísticos, referencias para mi expresión vital y creativa que me conformaban un plano mental a partir del que actuar en el mundo "real". Es otra forma de liberación. Ahora que tengo menos mitos en este terreno, o mejor dicho, ahora que los he asimilado para que no cieguen mi YO, me encamino a la eliminación de otros mitos, más personales, relacionados con mi paso por este mundo y con el contacto personal con los cientos de personas que me han conformado como soy. Trabajo para eliminar las cargas emocionales, intelectuales y sentimentales emanadas del contacto (o no contacto) con otras personas: miedos, complejos, prejuicios...
Últimamente he sido capaz de enfrentarme a algunos de ellos... Y he pensado en la absurdamente poderosa habilidad del miedo y sus acólitos para negarnos la experiencia de la felicidad, y en la facilidad con que podemos romper sus barreras (débiles fragancias que espantamos con un soplido) con un pequeño sí, un pequeño gesto, una diminuta acción en el eterno espacio de nuestra vida. Así le hablaremos al subconsciente en su idioma, y con estas acciones nos atreveremos a golpearlo para hacerlo despertar de su letargo absurdo e ineficaz basado en el miedo y el rechazo, de cara a conseguir la liberación y la felicidad. Y tengo que decir que ese golpe es sencillo, es sutil, es inocente y sensible. Es fácil. Y divertido. Y excitante.